viernes, 16 de noviembre de 2007

Y la vida sigue...

El tibio sol de octubre calienta mi piel; cosa bastante rara porque estamos a finales de noviembre. O el cambio climático hace de las suyas o alguien me ha cambiado el calendario sin darme cuenta, cosa que entra dentro de lo posible, puesto que tengo el mismo calendario Pirelli desde hace más de siete años y no me suelo fijar mucho en las fechas precisamente.

Hace poco que ha amanecido. Decidí recorrer a pie, el camino que antaño realizara a diario, con destino a la biblioteca.

Un par de minutos despues de haber comenzado la caminata, me encuentro ante las puertas del colegio de pago del barrio. A traves de ellas, puedo ver en el patio a un grupo de adolescentes, que intentan aplacar sus bulliciosas hormonas, jugando un partido de baloncesto. Me quedo unos instantes contemplándolos, hasta que veo una cara familiar, la del chaval al que dí clases durante un tiempo.

Parece que ha pasado un siglo desde que sus padres decidieron prescindir de mis servicios. La verdad es que no los culpo, pues pasábamos las horas hablando de videojuegos y comics. Lo que más siento de que me despidieran, fue que me quedé sin saber como termina Naruto....

Sintiendo en mi bolsillo el peso del dinero que podria haber ganado como profesor particular, continuo andando. A sólo un paso, se encuentra mi antigua casa, cuyos muros me vieron crecer; ahora ven a un grupo de porteños que vienen y van. Últimamente los argentinos son como los petisos de Jan, mires donde mires, allí hay uno divagando sobre el existencialismo o Maradona.

Llego a la biblioteca disfrutando de aquellos pequeños rincones que esconden tantos recuerdos, como aquella academia que enseñaba español a extranjeros, que quebró al poco tiempo. Normal, aquí no hace falta saber el idioma para desenvolverse.

Al atravesar la puerta del edificio, me recibe la nueva bibliotecaria morena, no con una sonrisa como solia hacerlo la pelirroja, sino con un gruñido en el que creo entender algo así como: "¿Has traido ya los libros?" El bibliotecario gay intenta apaciguarla mientras me dedica una caida de ojos, que no por esperada, deja de turbarme menos. La bibliotecaria morena es más guapa, está más buena y viste mejor que su predecesora, pero es más borde que la cola de un Airbus.

Paso a la sala de lectura. Hay cosas que nunca cambian. El mismo ejemplar de MAN de junio pasado, da vida a la mustia estanteria. Si hubiera intentado cogerla, no hubiera podido, pues está pegada a la madera. No importa, la habré leido veinte veces ya (lo de leer es un decir)

Me decido por el nuevo número de Marie Claire. Hay que estar al día de las tendencias que se llevaran el próximo verano (Chicas, desenterrad vuestras pamelas)

Cuando llevo un rato leyendo, noto una mirada clavada en mi frente. Levanto la vista y mis ojos se cruzan con los de una rubia cuyo rostro no me es del todo desconocido. Vuelvo a un artículo sobre chinas (las mujeres de China), vuelvo a sentir esa mirada y vuelvo a mirarla. Entonces caigo en la cuenta. Es una antigua conocida del autobús universitario por la que bebí los vientos años ha.

Para ella, yo sólo fui un chico con el que charlaba en el bus todas las mañanas, pero para mi, fue un buen par de tetas y un culito respingón (hay que ser sinceros) atributos que apenas se reconocen bajo un horrendo chandal reflectante a juego con anillos, pendientes y cadenas de oro que le confieren un look tribal.

Hablamos un rato, lo suficiente para agradecer que nunca se fijara en mí. Termino la conversación antes de tiempo, otros asuntos requieren mi atención; pero antes de salir, me fijo en un pequeño cartel junto a la puerta. En una semana, la biblioteca cerrará para mudarse a un nuevo edificio. Será más grande, estará más cerca de mi casa, pero no será lo mismo.

2 comentarios:

  1. Vale, las chicas llevarán pamelas, ¿y los mozos que?¿Volverán a estar de moda las riñoneras?

    Saludos bibliotecarios!!!

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  2. ¿Las riñoneras dejaron de estar de moda alguna vez? :)
    Saludos anticuados!!

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