lunes, 22 de septiembre de 2008

2008 - 2108

Llevaba posada en la rama del árbol varios minutos, observando con atención los movimientos de un lustroso conejo que se afanaba en acaparar comida para el cercano invierno. El águila esperaba el momento apropiado para lanzarse sobre él y llenarse el buche con su sabrosa carne. Su compañera estaría orgullosa si lo viera. El conejo se disponía a entrar por última vez en su madriguera. El águila extendió...