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viernes, 11 de abril de 2008

La segunda venida de Cristo (II)

Jesucristo era un ser repleto de espiritualidad y amor, por eso, en mitad de aquel tórrido desierto mesopotámico, se cuidaba de caer en la tentación de maldecir a todo bicho viviente, como hubiera hecho cualquiera que llevara tres días caminando bajo aquel demoledor sol.

Por vigesimotercera vez, tomó en consideración la idea de crear un camello y un oasis donde poder refrescarse, pero recordó de nuevo la charla que había mantenido con si mismo, poco antes de partir. Eso de que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" le había marcado mucho, y le parecía frívolo usar sus habilidades en algo tan insignificante. Ya lo hizo una vez y le salió el pobre ornitorrinco.

De todas formas, el no necesitaba comer, ni beber, y tenia todo el tiempo del mundo para llegar a su destino: Roma, la puta de Babilonia.

- Hay que ver como se las gastaban los evangelistas, y mira que les prohibí decir tacos - pensó para si, al recordar un famoso pasaje de la Biblia - además de incultos, porque Babilonia la pasé hace dos horas y aún me quedan varias semanas para llegar a Italia.

- San Pedro te envía recuerdos.

- ¿Quien ha dicho eso? - preguntó sobresaltado Jesús

- ¿Cómo?

- Oh perdona, es la costumbre. Muestrate Gabriel. ¿Que nuevas me traes?

Un ángel de enormes alas blancas como las de un ganso antediluviano, que esgrimía una espada flameante en la mano, se materializó ante él.

- Saludos Señor. Vuestro fiel servidor está a vuestros pies.

- Veo que traes noticias - señaló Jesús mirando al papiro que portaba bajo el brazo.

- Así es - el arcángel envainó su espada con cuidado, y desenrolló el cilindro-. Recibí esta carta hace tres días, junto con unas extrañas instrucciones. Debía entregártela en este justo momento. Prefieres leerla tu mismo o....

- No por favor, adelante.

Gabriel aclaró su garganta y adoptó un gesto serio, antes de proceder a leer con voz firme y clara.

- Hijo mío, cuando recibas este mensaje, estarás en la Tierra, andando por el desierto camino de Roma y yo... bueno... lo que te iba a decir: no sigas. Tienes una nueva misión. El mundo ha perdido la fe en nosotros. Los hombres son tan crédulos que se creen cualquier cosa, con tal de que se las diga alguien simpático; y bien sabemos que pocos de entre nuestra iglesia podría quedar finalistas en Mister Simpatía. Por ello, cada día que pasa nuestro mensaje se va diluyendo en el devenir del tiempo. Los viejos métodos no funcionan. Los antiguos textos no encandilan a casi nadie. Hay que adaptarse a esta época extraña. Para ello, quiero que reúnas a cinco jóvenes. Serán los nuevos apóstoles-evangelistas que difundirán revelaran nuestra misión para con el ser humano.

- ¿Por qué tan pocos? - preguntó Jesús con el recuerdo de su visita anterior, fresco en la mente.

Pero Gabriel pareció no escucharle y continuó leyendo.

- Son pocos porque a no ser que le dieran patadas a un balón, los hombres no los recordarían a todos. Ellos inscribirán tus historias en las imperecederas páginas de la historia. Con su ayuda, haremos de este mundo algo mejor. Más abajo encontrarás la lista de seleccionados.

El mensajero enrolló el pergamino y se lo lanzó a Jesús, que pasó a examinarlo detenidamente.

- No hay ninguna mujer... - murmuró algo decepcionado.

- Sigue leyendo por favor - fue todo lo que dijo el ángel.

- Posdata: Nos vamos a modernizar, pero sin pasarse ¿eh?

Gabriel se elevó ligeramente.

- El mensaje está entregado. Vuelvo a mis quehaceres.

- Un momento - gritó Jesús - ¿Podrías acercarme? El primero de la lista es de Corea y si tengo que ir andando no llegaría nunca.

Para el Señor, caminar por las atestadas calles de Seul, era desconcertante. Puede que en la avenida que recorría, hubiera mas gente de la que vivió en Jerusalén en su época. Era difícil salir del caudal humano que fluía por la ciudad. tuvo que abrirse paso a codazos hasta llegar al lugar donde se hallaba su primer apóstol. Un ¿gold farmer? esmirriado que pasaba su vida en el cibercafé frente al que se hallaba.

Varios ordenadores se alineaban en dos columnas perfectamente simétricas. En ellos, varios jóvenes permanecían atentos a la pantalla, en silencio, mientras jugaban a algo llamado Carpe Diem. Todos le parecían iguales. Se preguntó si lograría descubrir a su hombre. En contraste con los silenciosos jugadores, podía escucharse, en el fondo de la sala, los gritos desgarradores de un hombre, no mayor de 22 años, que se lamentaba por su mala suerte mientras comía ganchitos compulsivamente.

- Por favor que no sea él -. Se iba diciendo el Señor, mientras se acercaba a su mesa-. Debe de haber un error

- Perdona- El joven paro de súbito y lo repaso de arriba a abajo. Tenia la mirada perdida, como si siguiera jugando sin mirar la pantalla- ¿Eres Kim Chu Soon?

- Si, soy yo (traducido del coreano)

-Mierda.

- ¿Como ha dicho?- preguntó Kim, que no entendía muy bien el coreano de aquel occidental.

- Nada, nada.- Se aclaró la garganta y se irguio imponente antes de exclamar: Soy Jesús de Nazaret.

- Si, lo se. Tengo un gif suyo. Ah, y no hay de qué.- Apuntó con su mano a Jesús e hizo un extraño ruido con la boca, que le desconcertó

- Bien, he venido aquí para llevarte conmigo alrededor del mundo.

- He leído esa novela. Julio Verne está muy sobrevalorado en mi opinión.- replicó el coreano antes de tragarse otro puñado de aperitivos.

- No me has entendido. Serás mi nuevo apóstol-evangelista. Serás mi mano derecha y registrarás todo lo que diga y haga en mi nuevo viaje por el globo.

Kim se lo pensó por unos instantes. Se rasco la cabeza indeciso, y alzo la vista para mirarle a los ojos.

- Bueno, si sólo es para eso... Lo grabaré todo en mi móvil de última generación.

- Hecho entonces. Levanta, tenemos que ir a reclutar a tus compañeros. Por cierto, ¿sabes karate?

- No - respondió Kim avergonzado por ser el único oriental que .

- Lástima, me vendría bien un guardaespaldas. Si lo hubiera tenido... En fin, cogete de mi mano. El camino al aeropuerto es muy largo y no quiero perderte entre el gentío.

Sentado en su butaca de clase turista, Jesucristo echaba de menos no haber cogido la cartera antes de salir de casa. Delante tenia a una mujer inmensa que daba de si su respaldo, apartándolo contra su asiento. Sentado a su lado, Kim temblaba como un hoja mientras sujetaba con fuerza su apagado móvil, quien sabe si por el hecho de volar o por no poder encenderlo. Aún quedaban varias horas de viaje, por lo que Jesús se recostó contra la ventanilla y confió en poder dormir un poco antes de llegar a su destino.

En el otro extremo del mundo, el joven monseñor Arturo Videla, esperaba nervioso ante la puerta del despacho de su Santidad. Un par de horas antes le habían anunciado que tendría una audiencia con él. El gran jefe ni más ni menos. Había ascendido rápido en la jerarquía eclesiástica gracias a su buen hacer y su habilidad para hacer la pelota a la gente adecuada en el momento propicio. Aquello seria un gran empujón para su fulgurante carrera hacia el papado.

La puerta se abrió con un fuerte quejido, como si se negara a mostrar el interior de la modesta habitación, donde el Papa, trabajaba afanosamente en su escritorio. El asistente personal de su Santidad, le apremió a que pasará, cerrando la puerta tras él.

Monseñor se arrodilló ante la mesa de caoba sobre la que reposaban distintos informes de, y esperó así hasta que su Santidad le dijo que tomara asiento.

- Sabemos por nuestros espías, que el Mesías ha vuelto a la tierra...- comenzó.

- ¿Quiere que lo mate?- se apresuró a preguntar Arturo, deseoso de ganar puntos de cara a un cercano ascenso.

- No, no, por dios, no- exclamo escandalizado el Papa- Por el momento lo único que hará será ofrecer sus servicios como evangelista-apóstol. Una vez se haya infiltrado en su grupo, nos enviará cada semana un informe detallado de toda sus actividades. Le hemos elegido a usted por sus habilidades taquigráficas, su dominio de varios idiomas, su conocimiento de la idiosincrasia de diversos países y por su alto número de recomendaciones.

- No le fallaré Santidad.

- Eso espero - sentenció con voz grave - En el aeropuerto le espera un avión que le llevará a África. Allí se propone reclutar a otro de sus evangelistas-apóstoles.

- Oh dios mío - ¡¡un apóstol negro!!- grito sobrecogido Videla ante la simple posibilidad de que ocurriera algo así.

- No hay motivos para escandalizarse monseñor. Tenemos obispos negros en la iglesia.

- Si claro, claro.

Tras besar el anillo papal, monseñor se retiró a sus habitaciones. Hizo rápidamente la maleta sin olvidarse de incluir un grueso bloc de notas y minutos mas tarde, subió a una berlina que le llevó al aeropuerto a través de las congestionadas calles de Roma. Zimbabwe le esperaba.

miércoles, 29 de agosto de 2007

La 2ª venida

Una tormenta eléctrica sacudía la ya de por si desapacible noche de Jerusalén. Al ponerse el sol, nubarrones negros como la conciencia de un político habían cubierto el cielo crepuscular, hasta engullir el más mínimo rayo de luz. Tierra Santa quedaba así a oscuras, hasta que los súbitos rayos comenzaron a agujerear la tierra, cayendo por doquier.

Los atemorizados habitantes de la ciudad, atrancaron puertas y ventanas y entre el estrépito de los truenos, rezaron a su dios (cualquiera que fuera) para que volviera pronto la calma, sin tener que lamentar ninguna perdida (y que de paso se llevara por delante algún caza israelí, ya que ni dios podía derribarlos)

Si alguien hubiera contemplado lo que sucedía en el monte Gólgota, hubiera pensado que ese día había abusado demasiado de la cachimba en la mezquita del barrio, pues los relámpagos parecieron concentrarse sobre la cima, formando una perfecta esfera de luz, que fue creciendo hasta alcanzar los dos metros de diámetro, momento en el cual, la tormenta cesó, diluyéndose las nubes en el recuerdo.

A la mañana siguiente, Abdul, un anciano amante y pastor de cabras, condujo su rebaño al Gólgota, como hacia cada día. Al acercarse a la cúspide, un ligero olor a quemado fue penetrando en sus fosas nasales. Así mismo, la hierba iba tornándose más oscura a medida que ascendía. Cuando llegó a lo alto, encontró al causante.

En mitad de un aparatoso cráter, yacía ¿inconsciente? un hombre desnudo en posición fetal.

- Eh, tú. ¿Qué te pasa? - gritó Abdul.

El desconocido pareció escucharlo, pues con algo de esfuerzo logró ponerse en pie tras desperezarse.

Era un hombre joven, rondando la treintena, con una espesa barba castaña y larga melena a juego. Su cuerpo era fibroso y estilizado, como el de un atleta.

Se parece a uno de esos modelos americanos, pensó para si el pastor, que no pudo quitarle el ojo de encima mientras este se dirigía hacia él.

- Celebro que estés bien, así podrás pagarme los daños por haber incendiado el pastizal que había aquí.
 Ahora mis cabras no tienen nada que comer.

El desconocido no movió un músculo. Parecía más pendiente de la ciudad que se levantaba a espaldas del palestino. Echó un vistazo alrededor y se sorprendió al ver la mezquita de Al-aqsa. Fijó entonces su mirada en Abdul y le dijo:

- Quiero tu ropa, tus babuchas y tu camello.

No supo como reaccionar al principio. ¿Le estaba intentado robar un tío que había dormido en pelotas en mitad del campo?

- Yo fui valientemente derrotado en el 48, en el 67 y en el 73 - replicó enfadado - no me dejaré robar por un piojoso como tú.

La respuesta enfureció al hombre, que de un golpe de mano, le afeitó la barba a ras.

- No me gustan los imitadores.- sentenció.

Pensando en que quizás lo próximo que le rebanaría, pudiera ser algo que no volvería a crecer, accedió a las demandas del desconocido.

Antes de irse este, se volvió hacia él una última vez.

- Dile a todos que Jesucristo ha vuelto para incendiar el mundo con la llama de la verdad.

Abdul vio en aquello motivo de provecho y salió corriendo gritando tras él:

- ¿Podria empezar por la tienda de mi primo Rashid? Me debe 2.000 dolares y no quiere pagar...

Pero Jesús no pudo escucharle, pues ya se dirigía veloz a la entrada de la ciudad.

Jerusalén había cambiado mucho desde la última vez que estuvo, desde luego el recuerdo de aquel viaje no era precisamente agradable, pero al menos de la comida no se podía quejar. Ya desde arriba había contemplado el auge y caída de la inmemorial capital del estado hebreo, así que no le asombró encontrarse con los nuevos adelantos técnicos que habían desarrollado los hombres en su ausencia pese a que nunca había logrado entenderlos del todo. Por mucho que la hubiera visto desde las alturas, a ras de suelo era muy fácil perderse.

No se le cayeron los anillos por tener que preguntar a los transeúntes, por la ubicación del sanedrín, mas nadie supo darle la más mínima información al respecto, hasta que topó con un joven, que manipulaba unos cables bajo una de esas cosas llamadas... coches.

- Perdona muchacho, no sabrás donde está el sanedrín ¿verdad?- preguntó cortésmente.

El chico se sobresaltó al escuchar la poderosa voz de Jesús a su espalda, pero en seguida vio posibilidad de sacar tajada.

- ¿Por casualidad no serás israelí....?

- Se puede decir que sí -respondió encogiendose de hombros. No tenia la nacionalidad pero bueno, había nacido allí.

Amablemente se ofreció entonces a llevarlo a la misma puerta, para que no se perdiera. Andaron durante varios minutos por los estrechos callejones de la ciudad antigua, hasta llegar a un desvencijado edificio, al que una ligera brisa podría echar abajo en cualquier momento.

- ¿Es aquí? - preguntó suspicaz Jesús.

- Si claro, ven dentro y verás.

El salón principal estaba oscuro y polvoriento. además el olor a cerrado le golpeaba a uno como un directo de San Pedro. La luz apenas entraba por las ventanas tapiadas, bajo las cuales se apiñaban cajas de... no podía leerlo bien...¿RPG?

- Oye, aquí no se reunen los sacerdotes...

Pero cuando se volvió hacia el chico, este le apuntaba con un AK-47 (en realidad era el palo de una escoba hábilmente tuneado, que blandía con fastuosa peligrosidad eso si, el presupuesto para armas se había visto reducido drásticamente tras la apertura de un nuevo lupanar)

- Jajaja, ¡¡¡te he engañado perro!!!- gritó visiblemente alterado.

La mirada del cristo se endureció.

- ¿Qué me has llamado?

- He dicho perro, ¡¡¡perro!!! - insistió con sarna el secuestrador.

Un viento huracanado revolvió de pronto la habitación. Las puertas y las ventanas se abrieron de par en par.

- ¿Sabes quien soy yo?

- ¿Un perro? - el secuestrador empezaba a plantearse el haber tratado mejor a ese hombre, cuya actitud desafiante empezaba a amedrentarle.

- El hijo de mi padre. Y nadie me llama perro. ¡Nadie!

Le lanzó una salva de puñetazos, que lo estamparon contra la pared. El secuestrador se levantó dispuesto a devolver los golpes, pero las fuerzas le fallaron y lo más que pudo hacer fue acercarse a Jesús, antes de que este lo parara con una mano.

- Eso es hijo, pon la otra mejilla.- susurró mientras colocaba el mentón del infeliz atacante en una posición favorable para maximizar el daño.

De un gancho de derecha, lo tumbó definitivamente.

En ese momento, miembros del Shin beth entraron por las ventanas armados hasta los dientes, pero al ver al secuestrador en el suelo, el jefe del escuadrón detuvo a sus hombres.

- Ha tenido mucha suerte, señor...

- Jesús.

- Señor Jesús. El que está en el suelo es Jamal Abú, un peligroso terrorista de Hamás. Pretendía secuestrarle para pedir un rescate, pero veo que ha dado buena cuenta de él.

- Me llamó perro.- repuso tranquilamente sacudiéndose la chilaba.

Los hombres de la policía, registraron el edificio, mientras el Cristo intentaba convencer a Abú de que no debía insultar a los demás. Cuando la inspección hubo terminado, recogieron sus cosas y comenzaron a salir.

- Necesitamos hacerle unas preguntas, ¿Puede acompañarnos? - ordenó el jefe.

- No, ustedes pueden acompañarme a mí- respondió orgulloso el mesías.- ¿Donde vamos?

El viaje en el furgón policial hasta la sede del Mossad, había sido toda una experiencia para él. Se dijo que cuando volviera allí arriba, encargaría a Ford una flotilla de ellos, para su uso personal. Había pasado varios minutos en una comisaria. Intentaron pringarle los dedos con tintan, y hacerle unas fotos; pero ni salia en ellas, ni la tinta se adhería a sus manos, así que le habían dicho que lo llevaban a un sitio especial. Les siguió el juego, divertido, quería disfrutar un poco de la vida en la tierra, antes de cambiarla para siempre.

David Eleazar, jefe del servicio secreto israelí, se encontraba en su despacho leyendo los últimos informes de Persia, cuando uno de sus agentes llamó a su puerta.

- Entre, le esperaba.

Le habían informado de la presencia de un individuo extraño, que parecía haber surgido de la nada en mitad de un tiroteo en Jerusalén. El agente Shaul entró con cuidado en la recargada habitación. Aquel era el santuario del espionaje mundial, si al rey de Arabia le salia un grano en el culo (y le salían muchos), allí se sabría a los dos minutos que pomada usaría para quitárselo.

- Señor, nos han enviado de la comisaria 34 a un sujeto desconocido. No tiene pasaporte, documento que le identifique, ni huellas dactilares. Presenta dos extrañas cicatrices sangrantes de forma circular en los brazos. Cuando le he preguntado al respecto me ha dicho que se lo hicimos nosotros, pero le juro que no le he tocado jefe, se lo juro.

La cara de pánico de Shaul, confirmaba que decía la verdad.

- Está bien, hágale entrar.

Algo le decía que debía conocer a aquel hombre. Por regla general él solo se ocupaba del papeleo, el trabajo sucio de los interrogatorios se lo dejaba a los becarios. La imponente figura de Jesús inundó la estancia con una fuerza invisible que dejó boquiabierto a David.

- Shalom funcionario.

Nadie se había tomado tanta familiaridad con el director del Mossad, desde que se creó el puesto. De haber sido otro, quizás lo hubiera mandado a una misión encubierta como chofer de Nasrallah, pero se sentía amilanado por aquel barbudo con aspecto de camellero.

- Muy bien, ¿cómo se llama?

- Jesús - respondió impertérrito, aunque se dijo que no dejaría que nadie más le preguntara su nombre. ¡Deberian conocerlo todos!

- Jesús ¿qué más?

Se quedó pensativo sin saber qué responder.

- ¿Sabe que es la primera vez que me hacen esa pregunta?. Supongo que Cristo.

David lo miró extrañado.

- Jesús... Cristo

- Así es.

La absurda respuesta del detenido y su parsimonia le hizo estallar, algo bastante habitual en él. En los pasillos del edificio corría el rumor de que había matado al lechero cuando este le insinuó que a su mujer le gustaba más la leche entera. (David tenia un ligero problema de fertilidad) Se levantó furioso y golpeó la mesa con su puño.

- ¡¡¡¡Déjese de tonterías jodido estúpido, dígame ahora mismo quien es o lo mando al desierto del Negev de una patada en el culo!!!!!

Los gritos se oyeron incluso en el parking, pese a que la sala estaba insonorizada. El mesías hizo acopio de toda la paciencia que fue capaz y mirando al director del Mossad fijamente le dijo:

- Soy yo David. Sé que de joven te tocabas y lo que es peor, se también en quien pensabas cuando te tocabas...

El rostro de su interlocutor enrojeció como el sol al atardecer.

-¿Pero qué tonterías está diciendo?.- bramó.

- Beeeee.

Un escueto balido salió de la boca del Cristo. David palideció de inmediato. Quedó mudo de asombro y una gota de sudor frío recorrió su espalda. Lentamente volvió a su asiento. Tosió levemente y con un ademán mandó retirarse a Shaul.

Durante varios minutos estuvieron hablando a solas, hasta que la puerta de la oficina de Eleazar se abrió abruptamente.

- Malditos iranies, bombardear Israel, ahora que he venido yo, que falta de respeto.

Jesucristo estaba hecho una furia. David le había contado los planes de los ayatollahs de lanzar una bomba nuclear sobre Jerusalén. No podía consentirlo, así que ordenó al jefe del Mossad que le llevaran al sitio que debía destruir para evitar el peligro.

David hizo lo mismo que cuando su mujer le ordenaba algo, obedecer sin rechistar, y en menos de una hora, ya tenia preparado un viejo Antonov con los motores rugiendo, dispuesto a alzar el vuelo en cuanto recibiera una orden, que le dio al asombrado piloto, un desconocido pastor.

El voluminoso bombardero atravesó el espacio aéreo iraquí con rapidez, escoltado por cazas estadounidenses. Alguien había filtrado la noticia de que el hijo de Dios habia vuelto a la tierra, y los americanos no habían dudado en mostrarle sus respetos con la escuadrilla de los Ángeles Azules, que escribió en el cielo: ¡Jesús ama! antes de volver a bombardear un nido de terroristas.

Tras el espectáculo aéreo, una luz roja tiñó el interior del avión. Estaban cerca del objetivo. Por radio, uno de los pilotos le dio instrucciones:

- Cuando la luz se ponga verde, tiene treinta segundos para saltar.

Y literalmente lo hizo, solo que como nadie le comentó que tenia que ponerse el paracaídas, lo hice sin él.

En el interior de la central nuclear de Isfahan, todos se esforzaban por aparentar que trabajaban, más de lo normal. El presidente en persona, se encontraba en el lugar, haciendo una visita guiada junto con un grupo de actores occidentales, y a nadie se le ocurría hacerle quedar mal delante de ellos. El último que lo había dejado en evidencia, había sido encerrado en la cárcel. Aquel niño no volvería a alardear jamás que sabia sumar, delante de él.

Los occidentales eran un grupo fácil de contentar, pensó para si Ahmadinejad, solo hay que enseñarles lo que quieren ver y nadie se preguntara qué hay tras esa puerta negra con la calavera y las manchas de sangre.

- Por aquí por favor - sugirió con la mejor sonrisa que pudo mostrar. Tras una agradable hora, en la que les había colado un discurso con palabras demasiado técnicas para que las comprendieran, llegaban a la parte final del recorrido.

Entraron en una amplia habitación, del tamaño de un campo de fútbol, en el que un grupo de personas, atendían concentrados las explicaciones acerca de cómo hacer una bomba con un bote de Fairy, los excrementos de un caballo y 200 kilos de dinamita.

- ¿Y esto? - preguntó un actor, extrañado de que en tan lejano lugar conocieran el Fairy.

- Son mujahidines típicos. Una muestra de folclore para ustedes. No harán nada, están ahí por si nos critican, pueden estar tranquilos.

- Ah bueno, no pasa nada- repuso con celeridad - como nosotros no vamos a hacer eso... ¿Me deja hacerme una foto con ellos?

Ahmadinejad pareció meditar la respuesta durante unos segundos. Echó un vistazo a los terroristas y luego a los actores. Se encogió de hombros.

- Claro que si, no hay ningún problema.

Con un gesto, hizo que se acercaran los terroristas, que se colocaron en formación. Los actores los rodearon y le dieron la cámara al presidente iraní, que en la primera toma, les cortó la cabeza a todos, por equivocación claro. Así que lo intentó por segunda vez.

-  A ver decid ¡¡¡muerte al infiel!!!

Pero antes de que pudiera apretar el disparador, un fuerte temblor sacudió el edificio. Una de las paredes se derrumbó y a través de ella, entró Jesucristo limpiándose el polvo de su túnica de camuflaje. Frente a él, un tipo bajito con cara de mala leche, sostenía una Nikkon de importación. De pronto supo que aquél era su enemigo.

- ¡Eh Mamón! -le gritó

- ¡¡Es Mahmud!! - repuso colérico el presidente.

- A callar Mamón- tronó Jesús - Tú te llamas como a mi me de la gana.

Avanzó hacia él con paso decidido con la intención de bendecir la cara del presidente iraní con sus puños, pero este salió corriendo. Jesús salió tras él. Lo persiguió a través de pasadizos y salas tecnificadas, hasta que finalmente, logró acorralarlo en una sala tubular, en la que reposaba un scud con cabeza nuclear.

- Jajajaja - rió sardónicamente Mahmud - no te atreverás a pegar a un hombre con un misil nuclear ¿verdad?

Pero eso no le importaba al hijo de Dios, pues saltó hacia él con gesto feroz. Del susto, Mahmud retrocedió bruscamente y se golpeó la nuca con el filo de una estantería. Cayó gravemente herido al suelo.

Con su enemigo fuera de combate, era hora de volar por los aires aquella instalación. Desenrosco la ojiva nuclear e intento abrirla, pero ante la imposibilidad de hacerlo, la cogió entre sus dientes y mordió con fuerza. Algo en el interior del aparato hizo clic, y satisfecho, la arrojó a un lado.

- Enriquece eso Mahmud.

- Es Mamó....- fue lo último que pudo decir el presidente iraní. El tiempo se detuvo.

Una intensa luz recubrió el valle. La presión hizo fosfatina todo a 2 kilómetros a la redonda, y lo que quedó en pie, fue abrasado por las llamas infernales del átomo, antes de que el estruendo de la explosión reverberara por las montañas persas.

De las ruinas humeantes de la central, salió Jesús, sacudiéndose un oído.

- Bien aquí esta todo hecho, próxima parada: Roma

lunes, 30 de julio de 2007

Epílogo y prólogo

En el espacio nadie puede oír tus gritos. Eso es porque nunca han escuchado a dios gritar. Para alguien capaz de crear las leyes de la física, saltárselas es un juego de niños.

- ¡¡¡Vutroi!!! , ¡¡¡Vutroi!!!- gritaba exaltado el todopoderoso.

Vutroi estaba echando la siesta. Cuando caía dormido, ni siquiera la atronadora voz de Dios era capaz de despertarlo, así que para no andarse con tonterías, Dios le metió un átomo de sol en los calzoncillos. Si hubiera tenido un punto de apoyo para sus piernas, hubiera saltado a una altura jamás conseguida por humano alguno, pero flotando en el vacío, lo único que pudo hacer es gritar de dolor.

- Aaaauch, eso duele ¿sabes?

El tímido intento de reprimenda del ruso, paso inadvertido para el todopoderoso, que parecía visiblemente afectado por algo.

- ¿Pasa algo grave? ¿Ha vuelto a perder el atleti?

- Mucho peor Vutroi - sollozó Dios  - la gente ya no cree en mí.

En los doce años que llevaba conviviendo con el señor en su nebulosa, jamás le había visto así.

- Pero tío (ya se tomaba esas confianzas), eso ya pasaba cuando llegué aquí, y ha llovido mucho de eso. La gente por entonces creía en la coca cola y en que una felación no era una relación sexual. Ahora tendrán otras creencias supongo.

- Si, lo sé - repuso- pero pensé que seria una moda pasajera, como los discman. Lo último ha sido la creación de ese bicho para ridiculizarme, ese espaguetti volador.

Vutroi trató de quitar hierro al asunto, pues los seres humanos siempre andaban inventándose seres fantasiosos como los jueces del tribunal internacional de La Haya. No sirvió para convencer a Dios, que prosiguió con su perorata.

- Antes tenían más imaginación, se inventaban dioses que hacían el amor con frenesí, lanzaban rayos, y se transformaban en múltiples cosas. Eran un pálido reflejo, la vislumbración lejana de mi ser, pero aún así me podía ver representado en ellos, de una forma primitiva. Ahora... me sustituyen por ¡¡pasta italiana!! Y yo, en mi infinita magnanimidad, en lugar de hacer que esos blasfemos se ahoguen mientras comen pasta, en una irónica muerte, les dejo a su libre albedrio ¿Cómo me lo pagan? Matándose entre ellos y echándome la culpa, ¡¡¡así me lo pagan!!!

Le siguió un silencio sepulcral, que duró varios minutos. Reflexionaban meditabundos, uno sobre ponerle solución a aquello, el otro sobre las orgías que se corría Zeus.

- Es hora de terminar con los humanos de una vez por todas - continuó - está visto que aunque sean inundados, quemados o tragados por la tierra, no aprenden. Cuando falla la mano dura, lo mejor es cerrar el chiringuito. No seria la primera vez que lo hago.

Una duda asaltó de pronto a Vutroi.

- ¿También acabarás conmigo?

No entraba en los planes de Dios desde luego. Puede que fuera vago, sucio y lujurioso, pero allí no había nada que hacer, ni chicas a las que conquistar con un olor corporal agradable, así que sus defectos quedaban anulados.

- Y me vas a dejar a mi que, reconociendo la verdad, no soy el mejor espécimen de la raza humana ¿como único representante de ella? - inquirió el ruso, poco convencido de aquello.

- Si...

- Siempre pensé que eras un tío guay.

- ... pero estarás sólo. Nada  de chicas que acorten las frías noches de invierno.

El semblante del astronauta mudó completamente de la alegría plena al más profundo desconsuelo. No merecía la pena vivir sin mujeres, el único consuelo que le quedaría tras la paralización eterna de la producción de vodka. Durante interminables horas, trató Vutroi de convencer a Dios para que desistiera de sus planes de aniquilación de la raza humana, mas le fue imposible. Por suerte, en el último momento se le ocurrió algo.

- ¿Así que la muerte de tu hijo habrá sido en vano? ¿Le hicieron perrerías para nada?

La pregunta fue hecha a traición. No le gustaba apelar al acontecimiento más triste de la larga "vida" del todopoderoso, pero el futuro de la humanidad estaba en juego. Sea como fuere, Dios pareció meditar su pregunta. Hasta que resoluto, alzó la voz:

- ¡Eso es!...

La saga de Vutroi concluirá muy pronto en.....¡La segunda venida de Cristo! (Ahora está cabreado)

jueves, 7 de junio de 2007

Todo el mundo odia a Vutroi

Habían pasado varias semanas desde que Vutroi fuera nominado y expulsado de la MIR por motivos desconocidos aunque ligeramente relacionados con su insufrible verborrea. Por uno de esos milagros de la vida, había sido acogido amablemente por Dios, en su nebulosa de verano cerca de Pelidón 8. Claro que tratandose de Dios, los milagros no existían, pero eso no alteraba la mente de Vutroi, que disfrutaba de su estancia allí sin cuestionarse nada aparte de por qué estaba todo tan jodidamente oscuro. Aparte de eso, el lugar sólo tenía una pega: no disponía de conexión a internet, por lo que mataba el tiempo con antiguos juegos de manos.

- Tres con la que saques.

Y efectivamente, Dios acertó de pleno, derrotando de nuevo al ruso al milenario arte de los chinos.

- Eh, eso no es justo - respondió airado Vutroi - Eres omnipresente y además, no tienes brazos!!

- ¿Insinuas que Dios hace trampas Vutroi?

El tono de voz del todopoderoso le recordó al de Nikita, el capo de la mafia de Krassnoyark con el que se habia tenido que ver las caras en aquella ocasión en la que perdió 30.000 rublos jugando al duro.

- No es eso, pero no es justo que dispongas de esa ventaja. Que bueno, igual no quieres usarla, pero ahí está, y se puede "activar" sin querer y ganarme por vigesimoquinta vez. Te aseguro que es muy aburrido perder. ¿No eres impotente? ¿No podrias entonces tomar una forma humana que no fuera omnipresente?

- Soy OMNIPOTENTE Vutroi, impotente lo serás tú dentro de exactamente 34 años, 3 meses, 21 dias y 2 horas o de cinco segundos como sigas por ese camino. Y no, no puedo hacer lo que me dices.

- Entonces es que no eres omni...eso. - respondió con desdén Vutroi

- Si que lo soy. Podria crear una piedra tan pesada que pudiera aplastar tu cabeza en este instante. Es más, ni siquiera me haría falta la piedra para eso.

- Tampoco hace falta que te pongas así - quiso tranquilizarlo el cosmonauta.

- Puedo crear materia de la nada y lanzar al estrellato a Mai Meneses, pero no me pidas imposibles como devolver el color a Michael Jackson. Sólo puedo hacer lo que se puede hacer. ¿Sabes lo que son las reglas verdad?

- Pues sigo diciendo que no es justo que juegues con tus poderes "activados".

- ¿Y qué es lo justo Vutroi?. ¿Me lo puedes decir?- preguntó pedagógicamente Dios.

Titubeó durante unos segundos tratando de recordar qué decía al respecto el manual del joven comunista, pero todo lo que podia recordar era a esos patos horteras intentando hacer fuego para quemar un banco capitalista.

- ¿Recuerdas cuando robaste el sujetador de Liliana, tu compañera de piso? - prosiguió el todopoderoso.

- Como para no hacerlo, es lo que más lamento de que me hayan tirado de la estación, dejar allí esa prenda. Dormía abrazado a ella, recordando a su dueña.

- No fue justo para ella puesto que la privaste de un objeto de su propiedad, sin embargo fue justo para los vendedores de lenceria fina pues de esa forma Liliana compró otro sujetador y sus beneficios aumentaron. Además, según vuestras estúpidas leyes comunistas, la propiedad privada no existe, asi que en cierto modo el sujetador de Liliana pertenecia al pueblo...

- ¿Tambien sus pechos?

- Por lo que tengo entendido sí, pero de una forma más... "práctica".

- Ojala estuviera en mi hogar.... - suspiró melancólico Vutroi, que ya se imaginaba a Liliana en una orgía multitudinaria con ella como protagonista. No quiso sacarlo Dios de su equivocación, pues el caso es que los senos de Liliana eran la imagen de una campaña publicitaria para aumentar la moral de los trabajadores.

- Como te iba diciendo, enfoquémoslo desde el lado moral, desde lo que está bien y lo que está mal. Para Liliana el robo fue malo pues debido al frio clima de Moscú, el tiempo que estuvo sin sujetador, recibió más comentarios sobre luces largas que durante su examen de conducir. Sus pezones se congelaron tanto que aun hoy están duros.

- Oye, ¿no podrias teletransportarme a su casa, o a su calle al menos?. - preguntó desesperado el ruso.

Pero Dios continuó hablando.

- En cambio para ti y para los obreros de la construcción frente a vuestra casa, la sustracción fue buena pues te permitió contemplar los abundantes senos de Liliana, prisioneros de ese ajustado top rojo marxista que insinuaba todo y más, lo que ayudó a evadiros de la triste vida en la que os hallabais sumergidos. Así pues la justicia es algo relativo Vutroi, tú preocupate porque nunca te pille la policia haciendo algo ilegal o peor aún, que te vea yo haciéndolo.

- Tú eres Omnipresente, me pillarás siempre - se quejó desolado el cosmonauta, que veia sus esperanzas de lucrarse con negocios ilegales sin pasar por el infierno, esfumarse como una cerveza a la puerta de alcoholicos anónimos.

- Ahí está la gracia Vutroi, ahí está la gracia. ¿Otra partidita?

jueves, 22 de febrero de 2007

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Vutroi el cosmonauta

Como dice la canción: en el vacío se vive mejor. Y eso mismo pensaba Vutroi después de una semana de haber sido lanzado al espacio por sus compañeros de la MIR, los cuales al menos habían tenido el detalle de ponerle el traje de astronauta antes. Más tarde reflexionó sobre ello y se dio cuenta de que más que un acto de amabilidad había sido una puñalada más, pues así su sufrimiento sería mayor.

Si antes les guardaba rencor, ahora los odiaba a muerte, pero se abstuvo de hace comentario alguno en voz alta pues se hallaba ante DIOS y ante ÉL no se pueden decir tacos, a no ser que formen parte de algún chiste sobre rabinos o monjas.

El tiempo pasó. Los días se sucedían unos a otros, si es que en aquel lugar lejos del sol que marca el tiempo en la Tierra, se podía hablar propiamente de días. Puede que incluso no pasara el tiempo siquiera, pues en la facultad había aprendido que el tiempo es lo que se tarda en ligarse a una chica y llevársela a la cama, y lo más parecido a una mujer que había por allí eran las revistas que guardaba bajo un pulsar cercano.

Pensándolo mejor, de ser cierta esta definición, reflexionó Vutroi, el tiempo se habría detenido para él en el 87, cuando aquella chica le llamó marinero pese a encontrarse a 500 kilómetros de la masa de agua más cercana.

En cosas tan prosaicas dedicaba el tiempo, hasta que un día le asaltó una sensación desagradable, que amenazaba con derrumbar su vida, si es que así se le podía calificar a flotar en el espacio.

- DIOS.

- ¿Si Vutroi?

- ¿Estás ocupado?

- Estoy echándole la bronca al Papa, dame un par de minutos y estoy contigo.

El cosmonauta podía escuchar los gritos apagados que le llegaban a través de la nebulosa en la que se hallaba, los cuales no tardaron en cesar.

- ¿De qué hablabas con el Papa?- quiso saber Vutroi, cuando DIOS volvió.

- No es de tu incumbencia -respondió enfadado- ah, no quiero verte con algo en la cabeza ¿de acuerdo?

- ¿Ni siquiera la escafandra?

- Ah, yo pensaba que todo eso era tuyo, fíjate que iba a darte el teléfono de un cirujano muy bueno. En fin, quítatela, aquí no te hace falta.

Con cierta aprehensión, Vutroi se fue desprendiendo lentamente del casco, pues de todos es sabido la afición de DIOS por las bromas pesadas (que se lo digan a Abraham) Pero cuando tuvo la pesada escafandra a su lado, no le explotó la cabeza por la falta de oxigeno, podía respirar bien.

- Tú dirás - dijo ÉL algo más tranquilo.

- Verás, no es que yo me queje de tu hospitalidad. De no ser por ti, de seguro ya seria pasto del tiburón espacial, pero.... soy infeliz.

- Bueno Vutroi, tienes casa gratis, comida gratis, ropa gratis y televisión por cable gratis.

- Ya, pero eso no es ser feliz, eso es ser un mantenido.

- A los ex-presidentes y las supermodelos en paro les vale - replicó con cierta indiferencia.

Pero el astronauta permaneció callado, recluido en si mismo, insatisfecho con la no-respuesta; lo que no pasó desapercibido para ÉL.

- Te contaré un secreto Vutroi: el secreto de la felicidad permanente es buscarla en las cosas que dependen de nosotros mismos.

- Pero eso es imposible - respondió alterado- yo soy feliz viendo los partidos del Spartak de Moscú o emborrachándome en la tasca de mi barrio con vodka, pero si Yuri (el borracho del pueblo) le roba los barriles al barman o si llueve demasiado y se suspende el partido, ya no lo soy, ¡¡¡depende de ellos!!!

- ¿Lo de la lluvia lo dices por algo? - comentó suspicaz DIOS.

- Sabes muy bien a que me refiero. El partido de la copa de Lenin del mes pasado...

- Yo iba con el Zenit, Vutroi, y aquel día llevaba las de perder, tenia que hacer algo. Podría haber hecho que le cayera un rayo a vuestro portero, pero ese no es mi estilo, además el suplente era mucho mejor.

- Pero podrías haberle dado supervelocidad o algo así a los de tu equipo...

- Los ganadores no hacen trampas Vutroi, ni toman drogas, a no ser que se encuentren en Wall Street. Lo que quería hacerte ver es que la felicidad completa es muy difícil de conseguir, a no ser que te conformes con poquísima cosa, con lo que corres el riesgo de convertirte en un anacoreta.

- ¿Un qué? - preguntó extrañado.

- Ya sabes, esos tipos que viven solos, alejados de todo, vestidos con un saco y con grandes barbas...

- Algo así como tú ¿no?

- ¡¡¡Oye sin faltar!!! Mira lo que te digo, muérete de envidia. Yo soy el único en todo el universo que es feliz las 24 horas del día, todos los días del año, todos los años de la eternidad.

- El de la narración ha dicho que aquí no existen los días....

- Lo he leído y también esa tontería de que si no hay una mujer de por medio, el tiempo no fluye. ¿No te habrás creído eso verdad?

- Bueno... - balbuceó avergonzado.

- ¿Sabes quien es Einstein?

- ¿Quien?

DIOS se quedó pensativo.

- No conoces a Darwin, no conoces a Einstein, no sabes que significa anacoreta... Sólo dios sabe como llegaste a ser astronauta Vutroi.

Pero no se amilano con la ofensa de DIOS. La conversación parecía terminada, aunque seguía teniendo dudas.

- Oye, ¿cómo sabes que eres feliz si nunca has conocido la tristeza?

- Para eso os tengo a vosotros Vutroi, para eso os tengo a vosotros.

martes, 6 de febrero de 2007

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Perdido en el espacio

Todo estaba muy tranquilo en el exterior. Sasha comprobó la posición del sol y tras unos rápidos cálculos mentales, avisó a su compañero Vutroi de que la jornada de trabajo había llegado a su fin. Podría haber mirado simplemente el reloj, pero Sasha era un pedante de cuidado.

Vutroi se sintió aliviado. Llevaban más de 7 horas haciendo reparaciones en la estructura sin apenas descanso. Aún así no se sintió fatigado hasta que cruzó la escotilla y se desprendió de su traje de cosmonauta.

Tras bautizar la artificial noche con sendos tragos de vodka, se fue a dormir, deseando que la teniente Ivana se acurrucara con él dentro del frío saco de dormir del ejército soviético. Aunque había dos mujeres más en la tripulación de la MIR, Vutroi sólo tenia ojos para ella, al igual que los seis hombres restantes y Lenny, el robot de apoyo. Con el rostro de su Ivana en mente, se quedó dormido, echo un ovillo.

Cuando despertó, lo que más le sorprendió fue no chocar con el techo de su litera, como hacia todas las mañanas. Al abrir los ojos supo por qué. Flotaba en el espacio, alejándose lentamente de la estación espacial la cual en esos instantes no era más que un punto metálico perdido en un mar de negrura.

Intentó pedir ayuda, hasta que se dio cuenta de que era inútil, nadie iba a escucharle, luego probó a bracear pero lo único que consiguió fue agotar las pocas fuerzas que le quedaban tras tres meses bajo los efectos de la ingravidez. Impotente, se dejó llevar por los vientos cósmicos.

En algún momento debió quedarse dormido, pues al abrir los ojos se encontraba en medio de una nebulosa, que no recordaba haber visto antes. Brillantes tonos amarillentos y verdosos recubrían todo a su alrededor, formando extraños patrones asimétricos.

- Anda, eso parece una vaca - dijo Vutroi tras haber visto una nube con la forma del bovino animal.

- Me alegra que te haya gustado, me ha llevado dos días hacerla ¿sabes?

La extraña voz parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez. De todas formas allí, sin aire, era imposible escuchar nada y la radio estaba estropeada.

- Debo de estar empezando a volverme loco- pensó resignado.

- No exactamente, te estoy hablando directamente a la mente, es menos cansado.

- ¿Quien eres?

- ¿Crees en dios Vutroi?

- No mucho.

- Entonces te va a costar entenderlo.

- Un momento, ahora que caigo, ¿cómo sabes mi nombre?

- Yo lo sé todo, como aquella vez que chantajeaste a tu profesor de física con aquellas fotos suyas con una alumna.

- ¿Mamá?

- No Vutroi soy DIOS, si quieres te enseño el carné...

- Déjalo, no hace falta.

- Me alegro, de habértelo enseñado te habrías quedado ciego, sordo y mudo.

- Aquí no tengo mucho que ver, oír o decir ¿no crees?

- La verdad es que no, pero oye, puedes verme a mí, en la tierra darían lo que fuera por ello.

- Pero se llevarían un chasco.

- ¡¡Pero bueno!!- gritó encolerizado ÉL.

- Además si tu eres DIOS, ¿por qué no impediste que me hicieran esto?

- ¿Y que se corra la voz? El que sea omnipotente no significa que no me cueste trabajo hacer las cosas ¿vale? Si te salvara a ti pronto tendría a millones más pidiéndome que les ayudara a hacer la declaración de la renta. Además, ya envié a un becario a la tierra hace unos años y acabó (palabras textuales) hasta los cojones de vosotros.

- Supongo que los hombres no somos demasiado amigables, bueno tu lo sabrás bien, nos hiciste a tu imagen y semejanza.

- Veo que no has oído hablar de Darwin... yo sólo pretendía tener mi propio parque temático con lagartijas de colores, pero un día tropecé y de una pedrada se jodió todo. Luego salisteis vosotros...

- Para ser DIOS eres muy mal hablado.

- Yo hablo como me sale de la punta del....

Pero Vutroi ya no le escuchaba, toda su vida pasaba ante él, los recuerdos se apiñaban en su mente: las horas encerrado en una pequeña habitación estudiando para llegar a ser alguien, que no había servido para nada, aquella vez que la conductora del autobús de Kiev le rompió el corazón...

- Mis compañeros no me hacían caso, no tenia amigos, mi vida sentimental era más aburrida que la de un sacerdote... tampoco he perdido nada, a nadie le importa si llego tarde a casa o si he tenido un día duro. A decir verdad, no soy muy popular allí ¿sabes?

- Tus compañeros te tiraron por la escotilla Vutroi, no hace falta que lo jures.

- Por cierto ¿por qué lo hicieron?

- Porque no hay dios que soporte que le cuenten el chiste del perro mistetas veinte veces al día Vutroi, eres un plasta.

Durante unos minutos se hizo el silencio, los dos se sumieron en sus pensamientos, hasta que Vutroi se decidió a hablar.

- Yo me dedicaba a hacer experimentos con campos magnéticos, tenia una casita a las afueras de Minsk y pensaba comprarme un perrito... - sollozó el astronauta.

- Pues ahora estas aquí, que putada ¿no?