lunes, 22 de octubre de 2007

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Al servicio de su princesa

El rey se encontraba al borde de la muerte. La noticia se había extendido por todo el reino, junto con los mensajeros reales que visitaban un castillo tras otro en busca de los nobles del país.
Habría un consejo real en una semana. Así lo leyó Sir Daniel en el pergamino que minutos antes le había entregado un fatigado jinete. Debía partir lo antes posible hacia la capital, donde vivía el monarca.

Lo que más le importunaba no era reencontrarse con aquellos pomposos barones y condes de las tierras circundantes; era abandonar a su amada Carme. No importaba que sólo fueran unos días, estar lejos de su encantadora presencia, le encogía el corazón y le atenazaba el alma.

La noche antes de su partida, se amaron hasta que los primeros rayos del sol se deslizaron por entre las montañas que podían verse tras las ventanas de sus aposentos.

Afligido, montó su caballo y partió a su destino dispuesto a regresar lo antes posible a los acogedores brazos de Lady Carme.

Sus deseos se vieron cumplidos, pues el consejo apenas duró tres días, tras los cuales volvió alegre a su hogar. Ya le parecía sentir los dulces labios de su señora sobre los suyos, tan solo tenia que atravesar un pequeño bosquecillo y la colmaría de besos y atenciones.

Pero cuando el castillo apareció ante sus ojos, se quedó petrificado. El ala oeste se hallaba en ruinas. Renqueantes columnas de humo salían de entre los escombros de lo que habían sido sus aposentos; el resto del edificio estaba seriamente dañado.

Frenético, entro en el salón principal, cubierto de una fina película de ceniza. En el centro de la estancia se encontraba el ama de llaves, mirando cabizbaja el suelo que regaba con sus lágrimas. Sir Daniel la interrogó: un terrible dragón había asaltado la fortaleza la noche anterior y había secuestrado a Lady Carme.

Ciego de furia espoleó su caballo siguiendo el rastro de destrucción dejado por el monstruo: troncos quemados, arboles arrancados de cuajo y pisadas tan profundas que ni siquiera la copiosa nevada de la noche anterior habían conseguido borrar.

Pronto llego a los pies de una colosal torre. Bajó de su montura y se dirigió veloz a la puerta, cerrada a cal y canto. En lo alto se veía un balcón abierto, pero antes de escalarlo quería comprobar si había encontrado la prisión de su mujer.

- Carme amada mía – gritó con todas sus fuerzas -¿Estáis vos presa en esta torre sombría?
El resplandeciente rostro de su amor, se asomó tímidamente. Al verlo se sintió renacer. Se deshizo de su pesada armadura y se lanzo raudo a la escalada, pero el ruego suplicante de la joven le detuvo.

- Amado mío, no sigáis, debéis marcharos. El dragón os matará si os ve cerca de aquí.

- De cualquier forma moriría de pena si no estuvierais a mi lado. Lucharé contra esa demoniaca criatura y os liberare de tan injusto cautiverio. – respondió valientemente.

Como si le hubiera escuchado, súbitamente descendió del cielo un ceniciento dragón a pocos metros del caballero, que de un salto, se acerco a su pertrechos y blandió su espada ante el horripilante ser que se alzaba ante él.

Tenia el tamaño de una pequeña casa, alas de dos metros de envergadura y una ristra de placas puntiagudas recorría su columna hasta la cola, que terminaba en un afilado aguijón.

Desde el balcón, Lady Carme contempló angustiada el combate. Sir Daniel se desenvolvía bien, pese a que la nieve dificultaba sus movimientos. Se intercambiaron feroces golpes hasta que al final la espada del caballero se hundió en el pecho del reptil volador, que con un último estertor, cayó fulminado al suelo.

De su cuello pendía la llave del torreón, se la arranco y salió corriendo al encuentro de su doncella. Subió los escalones de tres en tres hasta que bajo el umbral de la puerta de la habitación que coronaba la estructura, se encontró con la deleitosa mirada de Carme.

Se fundieron en un beso interminable en los que sus labios exploraron los de su salvador. Sus lenguas se enlazaron en un húmedo abrazo de sensaciones. Se saciaron el uno del otro.

La cogió por los hombros y se miraron fijamente. No hizo falta que se dijeran cuanto se querían, sus ojos hablaban por ellos. De la mano de Lady Carme entró en la habitación, donde le despojo de sus ropas, manchadas durante el combate, y lo tumbó sobre una piel de oso que se extendía frente a la chimenea, cuyas llamas no podían rivalizar con las que sacudían sus excitados cuerpos.

Sus finos labios comenzaron a besarle desde la cara hasta el montículo cercano a su sexo, que se había alzado agradecido ante las acciones de la doncella, la cual no tardó en colmarlo de atenciones en forma de caricias suaves, abarcando toda su extensión; Moviendo su mano suavemente arriba y abajo reiteradamente mientras contemplaba el rostro de Daniel, henchido de placer y devoción por ella.

Una vez el pene alcanzó toda su dureza, Carme puso sus labios sobre la punta, obsequiándole con un tímido beso que produjo una descarga de gozo por todo el cuerpo del caballero. Contenta con el resultado, la boca de Lady Carme se fue entreabriendo poco a poco, engullendo con glotonería la palpitante verga.

Pronto desapareció entre sus fauces, que lo devoraron con fruición, lamiendo la carne que se encontraba en el interior de su boca, chupándola tiernamente, mientras Sir Daniel se revolcaba de satisfacción sobre la alfombra, al tiempo que intentaba acariciar la sedosa figura de su amor, sus cabellos y sus turgentes senos que colgaban sobre el vacío con sus pezones tan duros y calientes como el aliento del dragón.

Cuando Carme

Daniel se incorporó, sentado con las piernas estiradas y su falo chorreando aún del recuerdo de su amada, que pasó sus brazos alrededor del cuello del caballero y léntamente fue sentándose sobre el desafiante miembro, que esperaba con ansia conocer las profundidades del placer que le ofrecía la vagina de Carme, cuyos labios se iban abriendo, llenándola toda, sintiendo como era llevada en volandas a un mundo de éxtasis permanente con cada embestida de Daniel, que ya se había acoplado por completo a su cavidad, para formar un solo ser de ardor y amor.

Lady Carme rodeó con sus piernas el torso de su hombre, profundizando la penetración de sus movimientos descendentes sobre él, mientras este pagaba un tributo de besos a la piel de su pecho, a sus hombros desnudos y suaves, a su cuello de cisne, a sus sonrojadas mejillas por el goce del momento, a sus húmedos labios…

De nuevo no hicieron falta palabras. En sus ojos vio que poco le faltaba a él para llegar al placer supremo.

- Derrámate dentro de mi amor mío – le susurró al oído.

Fue más de lo que pudo soportar. Sintió como de su vientre bajaba un torrente de placer que estallo en el interior de su amada, inundando su sexo. Las contracciones del pene palpitante que anidaba en ella, la hicieron estremecerse y alcanzar el punto que le quedaba para alcanzar el clímax. Juntos arquearon sus espaldas entre jadeos de excitación para exprimir hasta la última gota del jugo de su desenfreno.

Abrazados, cayeron uno sobre el otro en la cálida piel de oso, donde durmieron el resto de la tarde.

Besos y caricias despertaron a Lady Carme. Cuando abrió los ojos encontró los de su caballero frente a ella, mientras sus dedos recorrían su desnuda espalda.

- Buenos días mi reina – le dijo

- Como mucho Lady – bromeó ella tras besarlo delicadamente

- Durante mi ausencia las cosas han cambiado. El viejo rey murió, pero antes, me nombro su sucesor. Así que ya no serás Lady Carme, serás Carme I la conquistadora de mi corazón. Aunque cualquier titulo se queda pequeño ante lo que mereces.

Minutos después, tras vestirse y permanecer largo tiempo abrazados, sintiendo el latido de sus corazones bajo sus pechos unidos, abandonaron la torre. Sir Daniel monto en la grupa de su caballo a su reina y juntos se dirigieron hacia el horizonte crepuscular, hacia su castillo, pues el fuego que habitaba en sus cuerpos estaba lejos de extinguirse.

martes, 25 de septiembre de 2007

Rutina

-Ah rutina, destructora de pasiones, peso que al espiritu hunde, en la sima del abotargamiento. ¿Acaso deberia la rutina ser la via por la que transitan nuestras vidas? ¿No seria mejor acaso montar a lomos de la sorpresa y dejarnos llevar por los campos agrestes de la incertumbre?

- Anda niño, no protestes más y ve a sacar la basura de una vez, que estoy harta de aguantarte el mismo rollo todos los dias.

jueves, 20 de septiembre de 2007

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Entrevistas desde la cripta: Freddy Mercury

Entrevistador: Buenas suecas tengan ustedes! Bienvenidos como no suele ser habitual a la sección con más vida del blog. Hoy tenemos entre nosotros, a toda una estrella del mundo del espectáculo, un pura sangre de la música...

Freddy Mercury: ¿No lo dirás por mis dientes verdad? ¿Sabes cuantas orejas de chistosos he arrancado con ellos?

E: Oh, no no. Nada más lejos de mi intención. Me refiero a que es usted un artista de los pies a la cabeza...

F.M.: La misma cabeza donde tengo los dientes ¿no?... pero me acabo de pasar la lijadora por ellos, asi que por ahora te libras de que te arranque algún miembro.

E: Es usted muy amable señor Mercury.

F.M.: Nada de formalismos por favor, llamame Excelentisima Reina.

E: Como quiera... excelencia. Bien, Nació usted en Zanzibar...

F.M.: Veo que has investigado en la wikipedia Phil. Asi es. De no ser por mí, nadie conoceria ese pueblo...

E: Oiga, creo que es una isla.

F.M.: ¿En serio? Bueno yo sólo nací allí, luego me fui a vivir a Londres. ¿Y por dónde queda?

E: Por África excelencia.

F.M.: No jodas, ¿soy africano? Eso explica muchas cosas.

E: Sigamos por favor, ¿Sabe usted que en la actualidad es un icono gay?

F.M.: Si, me lo dicen continuamente cuando voy a comprar el pan...

E: ¿Como se lo comentó a sus padres? Me imagino que en esa época debió ser complicado.

F.M.: Los reuni un dia en el bingo. Les dije que tenia que comentarles algo relacionado conmigo. <<Hijo ya sabemos que tienes los dientes muy grandes, pero nosotros te queremos y te apoyaremos en lo que sea, pero por favor cuando salgas ponte bozal que asustas a los vecinos>> me comentaron antes de que pudiera abrir la boca. Les dije que no era eso y entonces se callaron. <<Mama, papa>> comencé <<me gustan las mujeres... las mujeres sin pecho, con el pelo corto, la voz grave, pene y con un nombre varonil como manolo>>.

E: ¿Y cómo se lo tomaron?

F.M.: Pues no lo se, porque mi padre cantó linea y no los he vuelto a ver desde entonces.

E: Eh.... bien señor Mercury, excelencia, continuemos ahora con su carrera profesional.

F.M.: Pensé que sólo te interesaba cuanto me gustaban los rábanos...

E: ¿Cual fue su primero contacto con la música?

F.M: Tendria yo 5 años, cuando me colé a hurtadillas en el salón. No me dejaban ir solo, porque rallaba el parqué, el caso es que sobre la mesa habia un aparato con forma de caja. Pensé que eran azucarillos asi que me subí en una silla para poder alcanzarla, con tan mala suerte que le di un golpe. De pronto empezó a salir ruido de allí y yo corrí como alma que lleva el diablo gritando: Mama, mama, el abuelo ha vuelto a meter a un hombre en una caja...

E: Perdone, me expresé mal, queria saber como se introdujo en el mundo de la música.

F.M.: Ah, eso. Es una historia muy larga, pero tenemos toda la eternidad ¿verdad? Bien, tras terminar el instituto, me hice electricista. Era un trabajo desahogado y el dinero me venia muy bien para comprar dentifrico. Un día, un amigo me dijo que me pasara por su casa, porque tenia un cuarto oscuro. Llegué con mis herramientas y bueno.... no era lo que yo esperaba. Habia "bombillas" y "tubos de neón" pero ninguno estaba fundido. Allí conocí a un productor y tras comprobar mis... pero bueno eso no le interesa a nadie supongo. Luego comencé la universidad. No estaba matriculado pero asistia un par de veces por semana para estar rodeado de hombres. En un receso, le toqué el culo a Brian May y este me dió un guitarrazo. El grito que dí y las vibraciones de la guitarra sonaron muy bien y tiramos pa´lante.

E: Tenia entendido que sucedió de otra manera.

F.M.: ¿Por qué preguntas entonces Phil? No puedo perder el tiempo contigo, espero visita.

James Brown: Buenas tardes Excelentisima.

F.M.: Ah, ya está aquí. Hola James ¿qué tal el día? supongo que mal hasta que has venido ¿verdad? Si no te importa, cuando termines de cortar el cesped, haz el favor de limpiar la piscina, que ayer estuvo Kurt Cobain y me la dejó hecha unos zorros. Perdona Phil, está aquí cumpliendo trabajos sociales que se dejó pendientes en la otra vida.

E: ¿Podemos centrarnos en la entrevista por favor?

F.M: Sólo si te agachas y me besas la punta.

E: ....

F.M: Venga hombre, ¡vamos!

E: .... ¿Qué punta?

F.M: La de las botas Phil. No eres mi tipo.

E: Sigamos pues, durante toda su carrera tuvo varios escandalos...

F.M: ¿Como por ejemplo?

E: Se rumorea que una vez acudió de urgencia al hospital con el estomago repleto de...

F.M.: Bah, eso es mentira. Sin embargo una vez intenté lo del pez, no conmigo por supuesto, soy vicioso no contorsionista, pero ¿sabes lo dificil que es meter un pez globo en un agujero tan pequeño?

E: También está el tema de sus fiestas y los enanos que llevaban cuencos de coca sobre sus cabezas...

F.M: Pensé que te interesaba mi carrera. ¿Sabes que saqué algunos discos? En fin, lo de los enanos tiene base real, de pequeño me encantaban los cuentos. Siempre quise ser cenicienta, y en cuanto tuve oportunidad, me hice con siete enanos. Yo los llamaba: nevado, mariano, Lucy SanDia, caballo loco, angel, asesino y polichinela. Lo de la droga es una falsedad lanzada por George Michael que siempre estuvo celoso de que yo fuera más gay que él.

E: Teniendo en cuenta todo lo que hemos comentado, ¿Esperaba ir al cielo?

F.M.: Para serte sincero, esperaba ir al hospital, pero por lo que se ve, la ambulancia no llegó a tiempo. Yo siempre pensaba que iria al infierno, por lo de la sodomía y eso, pero luego me enteré que dios destruyó Sodoma porque vendian cd´s pirata y antes de que acabaran con la honrada industria musical sodomita, dios acabo con ellos. De no haber actuado, Mc Hammer nunca habria logrado sacar un disco. Al infierno solo van los banqueros, que son los unicos sodomitas que lo hacen por vicio.

James Brown: Ya esta limpia la piscina, excelentisima.

F.M.: Muy bien, puedes retirarte. Ey, James! antes de irte, traeme un martillo neumático que antes estuve comiendo maiz y creo que se me ha metido un rastrillo entre los dientes.

E: ¿Ha seguido la vida de sus antiguos compañero?

F.M: Te voy a ser sincero Phil, tengo cosas más importantes que hacer, que contemplar lo que hacen unas viejas glorias del rock. Habia dos chavales rubios creo y bueno luego está Brian. De lo que si me he enterado es de que por fin se sacó la carrera. El muy vago ha tardado cuarenta años, pero lo ha conseguido, claro que hoy día le dan un título a cualquiera.

E: Pero el Sr May se lo ha trabajado, es una persona inteligente...

F.M.: ¿Inteligente? ¿Brian? Pero si aprobaba todos los examenes con chuletas. ¿Sabes donde las guardaba? Te dire un secreto: es calvo desde los 18.

E: En fin, gracias por todo señor Mercury. Si quiere decir algo más...

F.M: No.

E: Bien, pues hasta la próxima ocasión.

F.M: Oye, no tendrás un azucarillo por casualidad ¿verdad?

sábado, 15 de septiembre de 2007

Recuerdos

Juana se deslizó penosamente hacia la puerta. Los años se habian cobrado factura en su cuerpo. Ni siquiera hubiera escuchado que llamaban de no haber ido al salon a recoger las fotos que habia sobre la chimenea.

Tras la puerta se encontraba un estirado hombre trajeado, que portaba una carpeta bajo el brazo, que con cierta desazón inspeccionaba la fachada de la pequeña casa..

- ¿Usted debe ser del ayuntamiento verdad?- adivinó la anciana nada más verlo.

- Asi es señora. Mi nombres es Andres Lopez y vengo a.....

- Lo se, lo se. Pase por favor.

El joven sacó un formulario de la carpeta y la siguió al interior de la casa. De inmediato, Juana comenzó a alabar las virtudes de la vivienda.

- Como ve, el salón es muy espacioso. Soliamos reunirnos toda la familia a la hora de cenar, y no se crea que eramos pocos. Cinco sin contarme a mi. Era un circo, pero eramos felices. Por desgracia hace mucho de eso. Ah, mire la chimenea. Grande, ¿verdad? le aseguro que una vez se enciende, puede olvidarse uno del frio. Una navidad, mi marido bajó por ella disfrazado de Papá Noel, pero estaba tan sucio el tiro, que salió completamente negro....

El funcionario contemplaba con gesto impenetrable cada rincón de la sala, sin hacer demasiado caso de lo que le explicaba la anciana, que continuaba con sus historias sin importarle demasiado si era escuchada o no. Se dirigió con paso vacilante a traves del pasillo, hacia los dormitorios. El burócrata la siguió, intentando no tocar nada.

Habitación por habitación, tuvo que escuchar las pequeñas historias que atesoraban aquellas paredes.

- Aquí la silla en la que estaba sentado Juan se rompió cuando intentaba llegar a lo alto de ese armario donde habiamos escondido sus regalos de navidad... Aquí en la cocina mi yerno pidió la mano de mi hija, fue muy conmovedor, se arrodilló y le puso un anillo con un diamante enorme en su dedo... En aquel rincón, recibi la noticia de que mi Antonio se moria...

Mientras, él no perdia detalle de nada de lo que le rodeaba, apuntándolo todo en la hoja de papel que llevaba. Apenas diez minutos le bastaron para obtener toda la información que necesitaba. Asi que dandole las gracias, se despidió de la octogenaria.

Cuando salió a la calle, echó un último vistazo a la fachada. Lástima de incendio, pensó, debió de haber sido una casa acogedora y con gran pesar marcó en el formulario una casilla: derribo

miércoles, 12 de septiembre de 2007

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Esplendor en la cocina

No habían tenido el mejor de los viajes. En realidad había sido un desastre, una travesía por el infierno aderezada con gritos y silencios a partes iguales. Una odisea capaz de terminar con una relación o de fortalecerla. Según las estadísticas, existían mas probabilidades de que todo terminara con un triste y solitario adieu, y todo hacia pensar que aquella, seria una mas de aquellas parejas que terminaban con su historia en común tras unas vacaciones que no habían salido como lo esperado.

Ella limpiaba la cocina, mientras él meditabundo contemplaba el televisor, sin prestar atención a las tristes noticias de siempre. Tenia la mente en otro lugar, muy lejano, anclado en el pasado, repleto de momentos intimos acaecidos en ese mismo sillón desde el que, impotente, veía a su mujer trabajar sin descanso, liberando así la furia que la carcomía.

En su mente, las imágenes de pasión, se tornaron en otras de desesperación, en las que su amada, se alejaba de su lado cada vez más, hasta fundirse con el horizonte. Llegado a ese punto, se dijo que no podía dejar que en unos días, se echara a perder lo que habían construido juntos durante meses. Con paso decidido, y aliviado, pues sabia qué hacer, entró en la cocina.

Su mujer terminaba de lavar la fuente de los macarrones de la cena. El suave pelo negro caía en cascadas por su espalda, ocultando gran parte del ajustado top que había llevado durante el viaje y que delineaba sus sinuosas curvas, que tanto le gustaba acariciar. Se acerco lentamente sin hacer ruido. Acerco sus labios a su oído y le susurro:

- Lo siento, he sido un estúpido, no soporto estar así contigo, te quiero.

La hasta entonces tensa figura de ella, se relajo, y bajo los hombros receptiva a los besos de su marido, que pronto los recubrió de besos suaves. Sus manos se apoderaron de sus caderas y las atrajo hacia si, mientras sus labios iban dirigiéndose a la nuca de su amor, que dejó la fuente en el fregadero, presa ya del incipiente placer que nacía en su bajo vientre.

Apoyo sus manos en el borde de la pila y se dejo querer. El no cesaba de besarla y tocarla, colmándola de cariño. Su top pronto se perdió en el interior de la habitación de al lado, lanzado en un arranque de frenesí por su amado, que la volteo hacia quedar cara con cara, pecho con pecho, sexo con sexo. Se abrazaron como si fuera la primera vez. Las lágrimas de él, surcaron sus mejillas mientras con un prolongado beso, expresaba todo lo que no podían sus palabras. Ella fue secando sus lágrimas, beso a beso. Se miraron fijamente y por primera vez en muchos días, se sonrieron. Sus fuertes manos, la alzaron hasta colocarla sobre la pila. Ahora sus pechos quedaban al alcance de su glotona boca, que no tardo un instante en hacerse con sus pezones, para jugar con ellos hasta saciarse. Sus dedos contorneaban su estomago, acercándose al monte de Venus, aun cubierto por una inoportuna falda, que no tardo en bajar, ayudado por ella, que, libre de tan inconveniente prenda, abrió sus piernas para alojar entre ellas a su amor. Pero este aun permanecía en sus senos, lamiéndolos ritmicamente hasta que se pusieron bien duros.

Entonces, con su lengua fue lamiendo lujuriosamente su pecho, bajando por su estomago, hasta llegar a la selva que precedía a la gran cueva de su amor. De un salto, atravesó el rizado bello, y cayó en medio de sus labios, introduciéndose ligeramente en su vulva, pero lo bastante como para arrancar un gemido de ella. La lengua trató de zafarse de los labios que lo empujaban hacia el interior de la cálida caverna, pero por mucho que se movía, no podía salir de allí. A medida que se hundía, ella se iba retorciendo de placer mas y mas, hasta que no pudo aguantar mas.

- Te quiero dentro de mi- grito ciega de gozo.

Solicito, él se incorporo. Acerco su miembro ya duro a su vagina, y lentamente fue abriéndola centímetro a centímetro, sintiendo como esta lo engullía en sus entrañas, de las que no lo dejaría escapar.

Una vez estuvo todo su pene dentro de ella, sus lenguas se entrelazaron en un salvaje juego de dominación, que termino ganando ella, pero poco le duro la victoria, pues cuando él comenzó a sacar su pene de ella, para volver a introducirlo con mas fuerza aun, su boca se abrió en un quedo gemido, que se mantuvo durante unos segundos interminables, que terminaron cuando, tras la explosión de placer de su amor en su interior, le sobrevino el orgasmo mas intenso que había sentido jamas.

miércoles, 29 de agosto de 2007

La 2ª venida

Una tormenta eléctrica sacudía la ya de por si desapacible noche de Jerusalén. Al ponerse el sol, nubarrones negros como la conciencia de un político habían cubierto el cielo crepuscular, hasta engullir el más mínimo rayo de luz. Tierra Santa quedaba así a oscuras, hasta que los súbitos rayos comenzaron a agujerear la tierra, cayendo por doquier.

Los atemorizados habitantes de la ciudad, atrancaron puertas y ventanas y entre el estrépito de los truenos, rezaron a su dios (cualquiera que fuera) para que volviera pronto la calma, sin tener que lamentar ninguna perdida (y que de paso se llevara por delante algún caza israelí, ya que ni dios podía derribarlos)

Si alguien hubiera contemplado lo que sucedía en el monte Gólgota, hubiera pensado que ese día había abusado demasiado de la cachimba en la mezquita del barrio, pues los relámpagos parecieron concentrarse sobre la cima, formando una perfecta esfera de luz, que fue creciendo hasta alcanzar los dos metros de diámetro, momento en el cual, la tormenta cesó, diluyéndose las nubes en el recuerdo.

A la mañana siguiente, Abdul, un anciano amante y pastor de cabras, condujo su rebaño al Gólgota, como hacia cada día. Al acercarse a la cúspide, un ligero olor a quemado fue penetrando en sus fosas nasales. Así mismo, la hierba iba tornándose más oscura a medida que ascendía. Cuando llegó a lo alto, encontró al causante.

En mitad de un aparatoso cráter, yacía ¿inconsciente? un hombre desnudo en posición fetal.

- Eh, tú. ¿Qué te pasa? - gritó Abdul.

El desconocido pareció escucharlo, pues con algo de esfuerzo logró ponerse en pie tras desperezarse.

Era un hombre joven, rondando la treintena, con una espesa barba castaña y larga melena a juego. Su cuerpo era fibroso y estilizado, como el de un atleta.

Se parece a uno de esos modelos americanos, pensó para si el pastor, que no pudo quitarle el ojo de encima mientras este se dirigía hacia él.

- Celebro que estés bien, así podrás pagarme los daños por haber incendiado el pastizal que había aquí.
 Ahora mis cabras no tienen nada que comer.

El desconocido no movió un músculo. Parecía más pendiente de la ciudad que se levantaba a espaldas del palestino. Echó un vistazo alrededor y se sorprendió al ver la mezquita de Al-aqsa. Fijó entonces su mirada en Abdul y le dijo:

- Quiero tu ropa, tus babuchas y tu camello.

No supo como reaccionar al principio. ¿Le estaba intentado robar un tío que había dormido en pelotas en mitad del campo?

- Yo fui valientemente derrotado en el 48, en el 67 y en el 73 - replicó enfadado - no me dejaré robar por un piojoso como tú.

La respuesta enfureció al hombre, que de un golpe de mano, le afeitó la barba a ras.

- No me gustan los imitadores.- sentenció.

Pensando en que quizás lo próximo que le rebanaría, pudiera ser algo que no volvería a crecer, accedió a las demandas del desconocido.

Antes de irse este, se volvió hacia él una última vez.

- Dile a todos que Jesucristo ha vuelto para incendiar el mundo con la llama de la verdad.

Abdul vio en aquello motivo de provecho y salió corriendo gritando tras él:

- ¿Podria empezar por la tienda de mi primo Rashid? Me debe 2.000 dolares y no quiere pagar...

Pero Jesús no pudo escucharle, pues ya se dirigía veloz a la entrada de la ciudad.

Jerusalén había cambiado mucho desde la última vez que estuvo, desde luego el recuerdo de aquel viaje no era precisamente agradable, pero al menos de la comida no se podía quejar. Ya desde arriba había contemplado el auge y caída de la inmemorial capital del estado hebreo, así que no le asombró encontrarse con los nuevos adelantos técnicos que habían desarrollado los hombres en su ausencia pese a que nunca había logrado entenderlos del todo. Por mucho que la hubiera visto desde las alturas, a ras de suelo era muy fácil perderse.

No se le cayeron los anillos por tener que preguntar a los transeúntes, por la ubicación del sanedrín, mas nadie supo darle la más mínima información al respecto, hasta que topó con un joven, que manipulaba unos cables bajo una de esas cosas llamadas... coches.

- Perdona muchacho, no sabrás donde está el sanedrín ¿verdad?- preguntó cortésmente.

El chico se sobresaltó al escuchar la poderosa voz de Jesús a su espalda, pero en seguida vio posibilidad de sacar tajada.

- ¿Por casualidad no serás israelí....?

- Se puede decir que sí -respondió encogiendose de hombros. No tenia la nacionalidad pero bueno, había nacido allí.

Amablemente se ofreció entonces a llevarlo a la misma puerta, para que no se perdiera. Andaron durante varios minutos por los estrechos callejones de la ciudad antigua, hasta llegar a un desvencijado edificio, al que una ligera brisa podría echar abajo en cualquier momento.

- ¿Es aquí? - preguntó suspicaz Jesús.

- Si claro, ven dentro y verás.

El salón principal estaba oscuro y polvoriento. además el olor a cerrado le golpeaba a uno como un directo de San Pedro. La luz apenas entraba por las ventanas tapiadas, bajo las cuales se apiñaban cajas de... no podía leerlo bien...¿RPG?

- Oye, aquí no se reunen los sacerdotes...

Pero cuando se volvió hacia el chico, este le apuntaba con un AK-47 (en realidad era el palo de una escoba hábilmente tuneado, que blandía con fastuosa peligrosidad eso si, el presupuesto para armas se había visto reducido drásticamente tras la apertura de un nuevo lupanar)

- Jajaja, ¡¡¡te he engañado perro!!!- gritó visiblemente alterado.

La mirada del cristo se endureció.

- ¿Qué me has llamado?

- He dicho perro, ¡¡¡perro!!! - insistió con sarna el secuestrador.

Un viento huracanado revolvió de pronto la habitación. Las puertas y las ventanas se abrieron de par en par.

- ¿Sabes quien soy yo?

- ¿Un perro? - el secuestrador empezaba a plantearse el haber tratado mejor a ese hombre, cuya actitud desafiante empezaba a amedrentarle.

- El hijo de mi padre. Y nadie me llama perro. ¡Nadie!

Le lanzó una salva de puñetazos, que lo estamparon contra la pared. El secuestrador se levantó dispuesto a devolver los golpes, pero las fuerzas le fallaron y lo más que pudo hacer fue acercarse a Jesús, antes de que este lo parara con una mano.

- Eso es hijo, pon la otra mejilla.- susurró mientras colocaba el mentón del infeliz atacante en una posición favorable para maximizar el daño.

De un gancho de derecha, lo tumbó definitivamente.

En ese momento, miembros del Shin beth entraron por las ventanas armados hasta los dientes, pero al ver al secuestrador en el suelo, el jefe del escuadrón detuvo a sus hombres.

- Ha tenido mucha suerte, señor...

- Jesús.

- Señor Jesús. El que está en el suelo es Jamal Abú, un peligroso terrorista de Hamás. Pretendía secuestrarle para pedir un rescate, pero veo que ha dado buena cuenta de él.

- Me llamó perro.- repuso tranquilamente sacudiéndose la chilaba.

Los hombres de la policía, registraron el edificio, mientras el Cristo intentaba convencer a Abú de que no debía insultar a los demás. Cuando la inspección hubo terminado, recogieron sus cosas y comenzaron a salir.

- Necesitamos hacerle unas preguntas, ¿Puede acompañarnos? - ordenó el jefe.

- No, ustedes pueden acompañarme a mí- respondió orgulloso el mesías.- ¿Donde vamos?

El viaje en el furgón policial hasta la sede del Mossad, había sido toda una experiencia para él. Se dijo que cuando volviera allí arriba, encargaría a Ford una flotilla de ellos, para su uso personal. Había pasado varios minutos en una comisaria. Intentaron pringarle los dedos con tintan, y hacerle unas fotos; pero ni salia en ellas, ni la tinta se adhería a sus manos, así que le habían dicho que lo llevaban a un sitio especial. Les siguió el juego, divertido, quería disfrutar un poco de la vida en la tierra, antes de cambiarla para siempre.

David Eleazar, jefe del servicio secreto israelí, se encontraba en su despacho leyendo los últimos informes de Persia, cuando uno de sus agentes llamó a su puerta.

- Entre, le esperaba.

Le habían informado de la presencia de un individuo extraño, que parecía haber surgido de la nada en mitad de un tiroteo en Jerusalén. El agente Shaul entró con cuidado en la recargada habitación. Aquel era el santuario del espionaje mundial, si al rey de Arabia le salia un grano en el culo (y le salían muchos), allí se sabría a los dos minutos que pomada usaría para quitárselo.

- Señor, nos han enviado de la comisaria 34 a un sujeto desconocido. No tiene pasaporte, documento que le identifique, ni huellas dactilares. Presenta dos extrañas cicatrices sangrantes de forma circular en los brazos. Cuando le he preguntado al respecto me ha dicho que se lo hicimos nosotros, pero le juro que no le he tocado jefe, se lo juro.

La cara de pánico de Shaul, confirmaba que decía la verdad.

- Está bien, hágale entrar.

Algo le decía que debía conocer a aquel hombre. Por regla general él solo se ocupaba del papeleo, el trabajo sucio de los interrogatorios se lo dejaba a los becarios. La imponente figura de Jesús inundó la estancia con una fuerza invisible que dejó boquiabierto a David.

- Shalom funcionario.

Nadie se había tomado tanta familiaridad con el director del Mossad, desde que se creó el puesto. De haber sido otro, quizás lo hubiera mandado a una misión encubierta como chofer de Nasrallah, pero se sentía amilanado por aquel barbudo con aspecto de camellero.

- Muy bien, ¿cómo se llama?

- Jesús - respondió impertérrito, aunque se dijo que no dejaría que nadie más le preguntara su nombre. ¡Deberian conocerlo todos!

- Jesús ¿qué más?

Se quedó pensativo sin saber qué responder.

- ¿Sabe que es la primera vez que me hacen esa pregunta?. Supongo que Cristo.

David lo miró extrañado.

- Jesús... Cristo

- Así es.

La absurda respuesta del detenido y su parsimonia le hizo estallar, algo bastante habitual en él. En los pasillos del edificio corría el rumor de que había matado al lechero cuando este le insinuó que a su mujer le gustaba más la leche entera. (David tenia un ligero problema de fertilidad) Se levantó furioso y golpeó la mesa con su puño.

- ¡¡¡¡Déjese de tonterías jodido estúpido, dígame ahora mismo quien es o lo mando al desierto del Negev de una patada en el culo!!!!!

Los gritos se oyeron incluso en el parking, pese a que la sala estaba insonorizada. El mesías hizo acopio de toda la paciencia que fue capaz y mirando al director del Mossad fijamente le dijo:

- Soy yo David. Sé que de joven te tocabas y lo que es peor, se también en quien pensabas cuando te tocabas...

El rostro de su interlocutor enrojeció como el sol al atardecer.

-¿Pero qué tonterías está diciendo?.- bramó.

- Beeeee.

Un escueto balido salió de la boca del Cristo. David palideció de inmediato. Quedó mudo de asombro y una gota de sudor frío recorrió su espalda. Lentamente volvió a su asiento. Tosió levemente y con un ademán mandó retirarse a Shaul.

Durante varios minutos estuvieron hablando a solas, hasta que la puerta de la oficina de Eleazar se abrió abruptamente.

- Malditos iranies, bombardear Israel, ahora que he venido yo, que falta de respeto.

Jesucristo estaba hecho una furia. David le había contado los planes de los ayatollahs de lanzar una bomba nuclear sobre Jerusalén. No podía consentirlo, así que ordenó al jefe del Mossad que le llevaran al sitio que debía destruir para evitar el peligro.

David hizo lo mismo que cuando su mujer le ordenaba algo, obedecer sin rechistar, y en menos de una hora, ya tenia preparado un viejo Antonov con los motores rugiendo, dispuesto a alzar el vuelo en cuanto recibiera una orden, que le dio al asombrado piloto, un desconocido pastor.

El voluminoso bombardero atravesó el espacio aéreo iraquí con rapidez, escoltado por cazas estadounidenses. Alguien había filtrado la noticia de que el hijo de Dios habia vuelto a la tierra, y los americanos no habían dudado en mostrarle sus respetos con la escuadrilla de los Ángeles Azules, que escribió en el cielo: ¡Jesús ama! antes de volver a bombardear un nido de terroristas.

Tras el espectáculo aéreo, una luz roja tiñó el interior del avión. Estaban cerca del objetivo. Por radio, uno de los pilotos le dio instrucciones:

- Cuando la luz se ponga verde, tiene treinta segundos para saltar.

Y literalmente lo hizo, solo que como nadie le comentó que tenia que ponerse el paracaídas, lo hice sin él.

En el interior de la central nuclear de Isfahan, todos se esforzaban por aparentar que trabajaban, más de lo normal. El presidente en persona, se encontraba en el lugar, haciendo una visita guiada junto con un grupo de actores occidentales, y a nadie se le ocurría hacerle quedar mal delante de ellos. El último que lo había dejado en evidencia, había sido encerrado en la cárcel. Aquel niño no volvería a alardear jamás que sabia sumar, delante de él.

Los occidentales eran un grupo fácil de contentar, pensó para si Ahmadinejad, solo hay que enseñarles lo que quieren ver y nadie se preguntara qué hay tras esa puerta negra con la calavera y las manchas de sangre.

- Por aquí por favor - sugirió con la mejor sonrisa que pudo mostrar. Tras una agradable hora, en la que les había colado un discurso con palabras demasiado técnicas para que las comprendieran, llegaban a la parte final del recorrido.

Entraron en una amplia habitación, del tamaño de un campo de fútbol, en el que un grupo de personas, atendían concentrados las explicaciones acerca de cómo hacer una bomba con un bote de Fairy, los excrementos de un caballo y 200 kilos de dinamita.

- ¿Y esto? - preguntó un actor, extrañado de que en tan lejano lugar conocieran el Fairy.

- Son mujahidines típicos. Una muestra de folclore para ustedes. No harán nada, están ahí por si nos critican, pueden estar tranquilos.

- Ah bueno, no pasa nada- repuso con celeridad - como nosotros no vamos a hacer eso... ¿Me deja hacerme una foto con ellos?

Ahmadinejad pareció meditar la respuesta durante unos segundos. Echó un vistazo a los terroristas y luego a los actores. Se encogió de hombros.

- Claro que si, no hay ningún problema.

Con un gesto, hizo que se acercaran los terroristas, que se colocaron en formación. Los actores los rodearon y le dieron la cámara al presidente iraní, que en la primera toma, les cortó la cabeza a todos, por equivocación claro. Así que lo intentó por segunda vez.

-  A ver decid ¡¡¡muerte al infiel!!!

Pero antes de que pudiera apretar el disparador, un fuerte temblor sacudió el edificio. Una de las paredes se derrumbó y a través de ella, entró Jesucristo limpiándose el polvo de su túnica de camuflaje. Frente a él, un tipo bajito con cara de mala leche, sostenía una Nikkon de importación. De pronto supo que aquél era su enemigo.

- ¡Eh Mamón! -le gritó

- ¡¡Es Mahmud!! - repuso colérico el presidente.

- A callar Mamón- tronó Jesús - Tú te llamas como a mi me de la gana.

Avanzó hacia él con paso decidido con la intención de bendecir la cara del presidente iraní con sus puños, pero este salió corriendo. Jesús salió tras él. Lo persiguió a través de pasadizos y salas tecnificadas, hasta que finalmente, logró acorralarlo en una sala tubular, en la que reposaba un scud con cabeza nuclear.

- Jajajaja - rió sardónicamente Mahmud - no te atreverás a pegar a un hombre con un misil nuclear ¿verdad?

Pero eso no le importaba al hijo de Dios, pues saltó hacia él con gesto feroz. Del susto, Mahmud retrocedió bruscamente y se golpeó la nuca con el filo de una estantería. Cayó gravemente herido al suelo.

Con su enemigo fuera de combate, era hora de volar por los aires aquella instalación. Desenrosco la ojiva nuclear e intento abrirla, pero ante la imposibilidad de hacerlo, la cogió entre sus dientes y mordió con fuerza. Algo en el interior del aparato hizo clic, y satisfecho, la arrojó a un lado.

- Enriquece eso Mahmud.

- Es Mamó....- fue lo último que pudo decir el presidente iraní. El tiempo se detuvo.

Una intensa luz recubrió el valle. La presión hizo fosfatina todo a 2 kilómetros a la redonda, y lo que quedó en pie, fue abrasado por las llamas infernales del átomo, antes de que el estruendo de la explosión reverberara por las montañas persas.

De las ruinas humeantes de la central, salió Jesús, sacudiéndose un oído.

- Bien aquí esta todo hecho, próxima parada: Roma

lunes, 30 de julio de 2007

Epílogo y prólogo

En el espacio nadie puede oír tus gritos. Eso es porque nunca han escuchado a dios gritar. Para alguien capaz de crear las leyes de la física, saltárselas es un juego de niños.

- ¡¡¡Vutroi!!! , ¡¡¡Vutroi!!!- gritaba exaltado el todopoderoso.

Vutroi estaba echando la siesta. Cuando caía dormido, ni siquiera la atronadora voz de Dios era capaz de despertarlo, así que para no andarse con tonterías, Dios le metió un átomo de sol en los calzoncillos. Si hubiera tenido un punto de apoyo para sus piernas, hubiera saltado a una altura jamás conseguida por humano alguno, pero flotando en el vacío, lo único que pudo hacer es gritar de dolor.

- Aaaauch, eso duele ¿sabes?

El tímido intento de reprimenda del ruso, paso inadvertido para el todopoderoso, que parecía visiblemente afectado por algo.

- ¿Pasa algo grave? ¿Ha vuelto a perder el atleti?

- Mucho peor Vutroi - sollozó Dios  - la gente ya no cree en mí.

En los doce años que llevaba conviviendo con el señor en su nebulosa, jamás le había visto así.

- Pero tío (ya se tomaba esas confianzas), eso ya pasaba cuando llegué aquí, y ha llovido mucho de eso. La gente por entonces creía en la coca cola y en que una felación no era una relación sexual. Ahora tendrán otras creencias supongo.

- Si, lo sé - repuso- pero pensé que seria una moda pasajera, como los discman. Lo último ha sido la creación de ese bicho para ridiculizarme, ese espaguetti volador.

Vutroi trató de quitar hierro al asunto, pues los seres humanos siempre andaban inventándose seres fantasiosos como los jueces del tribunal internacional de La Haya. No sirvió para convencer a Dios, que prosiguió con su perorata.

- Antes tenían más imaginación, se inventaban dioses que hacían el amor con frenesí, lanzaban rayos, y se transformaban en múltiples cosas. Eran un pálido reflejo, la vislumbración lejana de mi ser, pero aún así me podía ver representado en ellos, de una forma primitiva. Ahora... me sustituyen por ¡¡pasta italiana!! Y yo, en mi infinita magnanimidad, en lugar de hacer que esos blasfemos se ahoguen mientras comen pasta, en una irónica muerte, les dejo a su libre albedrio ¿Cómo me lo pagan? Matándose entre ellos y echándome la culpa, ¡¡¡así me lo pagan!!!

Le siguió un silencio sepulcral, que duró varios minutos. Reflexionaban meditabundos, uno sobre ponerle solución a aquello, el otro sobre las orgías que se corría Zeus.

- Es hora de terminar con los humanos de una vez por todas - continuó - está visto que aunque sean inundados, quemados o tragados por la tierra, no aprenden. Cuando falla la mano dura, lo mejor es cerrar el chiringuito. No seria la primera vez que lo hago.

Una duda asaltó de pronto a Vutroi.

- ¿También acabarás conmigo?

No entraba en los planes de Dios desde luego. Puede que fuera vago, sucio y lujurioso, pero allí no había nada que hacer, ni chicas a las que conquistar con un olor corporal agradable, así que sus defectos quedaban anulados.

- Y me vas a dejar a mi que, reconociendo la verdad, no soy el mejor espécimen de la raza humana ¿como único representante de ella? - inquirió el ruso, poco convencido de aquello.

- Si...

- Siempre pensé que eras un tío guay.

- ... pero estarás sólo. Nada  de chicas que acorten las frías noches de invierno.

El semblante del astronauta mudó completamente de la alegría plena al más profundo desconsuelo. No merecía la pena vivir sin mujeres, el único consuelo que le quedaría tras la paralización eterna de la producción de vodka. Durante interminables horas, trató Vutroi de convencer a Dios para que desistiera de sus planes de aniquilación de la raza humana, mas le fue imposible. Por suerte, en el último momento se le ocurrió algo.

- ¿Así que la muerte de tu hijo habrá sido en vano? ¿Le hicieron perrerías para nada?

La pregunta fue hecha a traición. No le gustaba apelar al acontecimiento más triste de la larga "vida" del todopoderoso, pero el futuro de la humanidad estaba en juego. Sea como fuere, Dios pareció meditar su pregunta. Hasta que resoluto, alzó la voz:

- ¡Eso es!...

La saga de Vutroi concluirá muy pronto en.....¡La segunda venida de Cristo! (Ahora está cabreado)

lunes, 16 de julio de 2007

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El Reencuentro

Erase una vez en un país lejano, un caballero fuerte en su caballo, que se acercaba al castillo donde moraba su fiel doncella a la que no veía desde que dos años atrás, partió a las cruzadas con profundo pesar en su corazón pues estar junto a ella llenaba su vida de alegría.

No había enviado a ningún correo para avisar de su llegada. Deseaba que la sorpresa inflamara aún más la pasión del reencuentro, por lo que, cuando se encontró cerca de la fortaleza, redujo el paso de su montura y ya en la puerta, aunque la noche había caído hacia bastante, descendió del caballo para que el ruido de los cascos no alertaran a Lady Carme.

Los vasallos se arrodillaban ante él, mientras recorría los lóbregos pasillos camino de la habitación donde yacía dormida su ángel, su anhelo. Cerró la puerta con llave, no sin antes advertir a los sirvientes de que no se les molestara bajo ningún concepto.

La pálida luz de la luna bañaba el bello rostro de su amada, convirtiendo sus morenos cabellos en brillantes hilos plateados que le conferían un aire mágico y etéreo. Se deshizo de su pesada armadura sin hacer ruido alguno, pero cuando se acercaba con una agilidad felina poseída por el silencio, al lecho, los ojos de Lady Carme se abrieron. Primero timidamente, luego de par en par, presos de la incredulidad del momento.

- Sir Daniel, ¿vos aquí? - exclamó con la voz ahogada por la emoción- mi corazón llora de alegría para compensar las lágrimas de sufrimiento por vuestra ausencia. Alabado sea el señor por haberos traído de vuelta a casa sano y salvo.

- Milady, es el recuerdo de vuestro rostro, de la fragancia de vuestra piel, el que mantuvo vivo en mí la llama de la vida. Sin vos mis huesos estarían blanqueandose en uno de los numerosos desiertos que salpican tierra santa. El pensar en la vuelta a vuestros brazos me hacía seguir luchando y me obligaba a no rendirme por muy numerosas y duras que fueran las calamidades que me asolaran.

El caballero, arrodillado ante la cama, cogió entre sus manos las de Lady Carme y acercó su rostro al de ella.

- Y ahora ante vos, con todos los peligros acechando tan sólo en los rincones más oscuros de mi memoria, el gozo invade cada fibra de mi ser por veros ante mí tan hermosa y tan llena de vitalidad.

- Mas querido - replico la bella dama - no malgastes tus fuerzas hablando, pues tras haber cumplido ante el Rey, tiempo es lo que más tenemos. Venid, yaced junto a mí y descansad, pues el viaje habrá sido agotador.

Pero el tono inseguro de Lady Carme dejaba entrever que no mostraba su verdadero deseo, lo que no pasó desapercibido para el caballero, cuyo anhelo se asemejaba al de ella.

- Yaceré junto a vos mi señora, mas el calor que invade mi cuerpo pide ser extinguido y por lo que delata el rubor de vuestras mejillas, el mismo fuego os consume.

Lentamente, apartó la sabana que cubría el delicado cuerpo de Carme, del que únicamente un sencillo camisón de seda separaba de la desnudez. Sir Daniel subió a la cama y se colocó a horcajadas sobre su cintura. Sus sexos se rozaban por encima de la escasa ropa que aún llevaban. Se inclinó sobre ella y con un suave beso y el leve roce de sus sexos provocado por el movimiento, le arrancó el primer gemido de sus labios.

Besó su boca, sus pómulos, sus párpados y cuando ya hubo explorado cada centímetro de su rostro, se acercó a su oído y le susurró:

- Esta noche, voy a hacerte mía Carme.

Con una dulzura impropia de quien se ha visto alejado del amor por un periodo de tiempo prolongado, se hunde en el cuello de su compañera, inundándola de un placer largo tiempo olvidado. Para corresponderle, ella acerca su mano a su incipiente sexo, que cobra todo su vigor al contacto de sus suaves dedos que lo recorren de arriba abajo en toda su extensión. Ahora el placer es mutuo, pero tras dejar sus tersos pechos al descubierto, él continua bajando y su pene queda fuera de su alcance, cosa que olvida al instante porque la lengua de su caballero juguetea con sus pezones, lamiéndolos, succionandolos con sus labios y endureciéndolos hasta que el placer se mezcla con el dolor. Pero él se detiene para terminar de quitarle el camisón. Ahora está completamente desnuda, expuesta ante él.

Su sexo tiembla ante la cercanía de la virtuosa lengua de su caballero, que siguiendo su trayectoria descendente, saborea la piel de sus muslos sin querer probar aún la fuente de su placer, cosa que ella le suplica presa del frenesí entre gemidos ahogados. Pero él se hace de rogar, sabe que cuanto más tarde en llegar allí, más será el placer que le proporcione. Aunque todo tiene un límite, de su vagina surge en oleadas el producto del placer que está proporcionando y con un profundo lametón saborea los jugos de ella impregnándose con ellos, pero no se detiene ahí. Con su lengua juguetea con sus labios mayores introduciéndose entre ellos penetrandola ligeramente en movimientos circulares que hacen que una corriente eléctrica recorra sus espina dorsal, obligandola a arquear la espalda para acercar su cálido coño a la cara de él, que ya ha pasado a jugar con su clítoris palpitante ante cada arremetida de su lengua, al tiempo que los dedos de él exploran su interior habilmente, palpando cada rincón, entrando una y otra vez. Hasta que con un grito de éxtasis logra correrse en sus manos.

Saciado por los jugos de ella, se tumba en la cama. Su pene enhiesto y duro como una roca apunta al cielo, donde pretende llegar junto a su señora, que sin dudarlo un instante engulle el tronco de carne entre sus fauces y comienza a lamerlo delicadamente y con tal maestría que cerca está el caballero de terminar en su boca, pero ella se detiene, quiere llenarse de su sexo, sentirlo dentro de ella latiendo furiosamente entre sus piernas. A horcajadas sobre él, va descendiendo delicadamente sobre su pene, que va horadandola poco a poco abriéndola de par en par, hasta que finalmente se deja caer sobre él, ocultándolo en sus entrañas.

Mientras él abarca sus nalgas con sus fuertes manos, ella cabalga sobre su polla cada vez más rápido, penetrandola más profundamente a cada salto de ella. Las manos de él acarician todo su cuerpo, su cintura, su espalda, agarra los pechos de ella con tanta fuerza que se desbordan entre sus dedos. Los dos gimen más y más, hasta que en un último empujón final, se derrama dento de ella, que siente como el semen inunda su ser llevándola al último orgasmo de la noche. Pero como dijo, tienen todo el tiempo del mundo.