jueves, 12 de julio de 2007

En la barra de un bar

Habia bebido más whiskies de los que su cuerpo era capaz de tolerar, pero eso no le impidió pedirle otra copa al camarero, en cuanto terminó la que tenia en la mano. Tenia la mirada fija en la pared, donde un enorme espejo, reflejaba a los ajetreados pasajeros, que pasaban frente al bar del aeropuerto camino de sus terminales.

Pero él no los veia, como tampoco vió al anciano regordete que se sentó junto a él y pidió una soda.

No bien hubo dado el primer trago, se fijó en el joven de aspecto deprimente, rodeado de vasos vacios. La curiosidad le picó demasiado como para mantener la atención fija unicamente en su vaso.

- Perdone amigo, ¿se encuentra bien?

Entonces se dió cuenta que no estaba solo. Miró al viejo de arriba a abajo. El típico provinciano del medio-oeste, que piensa que todo el mundo es como su pequeño pueblo.

- ¿Piensa que alguien que esté bien estaria sentado en la barra de un bar a las 11 de la mañana bebiendose el agua de los floreros?

La borderia no desanimó al anciano, que de inmediato comprendió qué sucedia.

- Es una mujer ¿verdad?

En circunstancias normales, se hubiera levantado y le hubiera dejado con la palabra en la boca, pero estaba demasiado borracho como para resistirse a contar su historia.

- Me casé hace diez años con la mujer más maravillosa del mundo. Al principio todo iba bien, pero pronto el trabajo comenzó a absorber gran parte de mi tiempo. Mis ausencias de casa eran cada vez más prolongadas y llegó un momento en que supongo, se sintió abandonada por mi.

- ¿A qué se dedica usted?

- Soy policia

- ¿Lo era antes de casarse con ella?

- Si

- Entonces su mujer ya sabia a que se exponia, no debió de pillarle por sorpresa.

- Supongo que una cosa es imaginarselo y otra, sentarse cada noche ante una mesa vacia a cenar. En cualquier caso, llegó un momento en que ella no pudo más. Cuando me trasladaron a esta ciudad, no quiso acompañarme. Necesitaba un tiempo para reflexionar, me dijo.

- Esas cosas pasan si.

- Tuve que dejarla allí, era mi obligación acudir a donde me llamaran. Ser policia es lo único que sé hacer, pero a medida que pasaban los días, me dí cuenta de que sin ella, no valia la pena vivir. Ayer la llamé, le dije que iba a dejar el cuerpo y que volveria con ella. No me creyó. No la culpo, no es la primera vez que se lo digo. Estaba recelosa. Me puso como condición para volver a intentarlo, que nos vieramos hoy a las...

Miró su reloj con cierta dificultad, el mundo parecia dar vueltas a su alrededor.

- Bueno, hace diez minutos que hubiera tenido que reunirme con ella en nuestra casa. Ahora pensará que me entretuve en un caso, o vaya dios a saber que, no me volverá a dar una nueva oportunidad.

-¿Y que ha pasado? ¿Por qué no está allí?

- Perdí el avión. Claro que antes, estuve retenido en el arco de seguridad durante diez minutos, en los que no dejó de pitar y el escaner manual estaba averiado, el unico agente masculino habia ido a buscar uno de repuesto. Hubiera sido un retraso aceptable, de no ser porque pinche una rueda de camino hacia aquí. Al ver que la grua no llegaba, corrí durante cuatro kilometros hasta que pude conseguir un taxi. Nada de esto hubiera sido un problema, pensaba llegar con dos horas de adelanto, pero se fue la luz en mi apartamento y no sonó el despertador.

El anciano bebió de un trago la soda que le quedaba y suspiró profundamente.

- Caray amigo, es la peor racha de mala suerte que he escuchado jamás. Por cierto ¿a que ciudad iba usted?

- A Michigan

- ¿Sabe usted que un avión que se dirigia hacia allí, se estrelló hace una hora? - comentó sorprendido

Miró al anciano con ojos vidriosos, clavó su mirada en la suya durante un largo y silencioso segundo, volvió a su copa e hizo un leve gesto con la cabeza, señalando al televisor del bar, donde se podian ver los restos llameantes de un avión, ardiendo sobre un campo de maiz.

- Sí, era el mio.

lunes, 9 de julio de 2007

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El sueño erótico de una noche de verano

El oscuro telón de la noche descendía lentamente sobre la solitaria playa. A pocos kilómetros de allí, centenares de familias y guiris se apiñarían en un pequeño trozo de arena en pocas horas, pero en aquella recóndita cala, Lucia Lapiedra podría disfrutar de un baño nocturno desnuda, con la tranquilidad más absoluta de que nadie más la vería así. Sólo los miles de sátiros que habían comprado y/o descargado sus películas.

Cuando sus labios se arrugaron por el agua, salió del mar y con una toalla procedió a secar su tersa piel. Le encantaba sentir el excitante tacto del algodón acariciándola, le producía un cosquilleo que se iniciaba en su espalda y bajaba rápidamente a zonas más deleitosas. Se tumbó con las estrellas como únicas espectadoras de la estilizada figura de la diva hispana del porno.

Estuvo un rato contemplándolas. Se preguntó cómo harían el amor los marcianos y si tendrían una industria porno que protegiera los derechos laborales de los actores, con un seguro médico y una pensión de jubilación. Pero dejó sus reflexiones sindicales para otro momento, pues escuchó una dulce voz pidiendo auxilio. Alguien estaba saliendo del mar.

La luz de la pálida luna llena, inundaba la cala. No le fue difícil distinguir el trabajado cuerpo de una mujer. Melena larga, pelo oscuro quizás, pechos turgentes, caderas amplias e insinuantes, y muslos gruesos y apetitosos. Cuando estuvo a unos metros de ella, la reconoció.

- ¡Tú eres Kira Miró! - gritó sorprendida - oye, ¿te quitaron la parte de arriba los peces? - dijo señalando su desnudo torso. Con el par de senos que se gastaba, lo que menos importaba es qué hacia allí.

- Oh no, uno de los marineros a los que me iba a tirar me quitó el bikini. Se ve que no había nadie al timón y chocamos contra un arrecife. Fue horrible, con el impacto a punto estuve de arrancarle el miembro al capitán y el muy cerdo se corrió en mi mano ¿te lo puedes creer? no dejó nada para que me lo tragara.

Lucia se compadeció de la tiritante figura que se alzaba ante ella. Aunque en la playa se estaba bien, el mar estaba muy frío.

- Acercate Kira, estarás helada - propuso solicita Lucia, cuyos ojos se habían iluminado ante tanta belleza - quitate la ropa, que te vas a resfriar.

Kira se deshizo de la única pieza del bikini que le quedaba y se acercó a la actriz, que no tardó en cubrirse junto a ella con una amplia toalla, que había ocultado más de un escarceo amoroso en los soleados días de playa de Ibiza.

Con sus senos aplastados en el estrecho espacio que le dejaba la toalla, podía sentir clavarse en su carne los duros pezones de Kira. Los suyos no quisieron ser menos y no tardaron en vigorizarse, iniciándose una pelea de afilados pezones, con estocadas y fintas que fueron calentado la atmósfera hasta que se se lanzaron al suelo, echadas sobre la toalla dispuestas a aplacar su fuego de la manera más lúbrica posible.

Sus manos recorrían sus suaves curvas, estremeciendolas y avivando su pasión, electrizando la piel que acariciaban sus juguetones dedos. Pronto se notó la experiencia de Lucia en las lides amatorias, y Kira se abandonó al placer que recibía de manos de su sorprendente compañera, que amenazaba con llevarla al climax, con sólo rozar su clítoris ya hinchado, hacia el cual se iban acercando sus caricias, rodeándolo sin descanso, pero sin llegar a tocarlo, lo que frustraba a la presentadora, que arqueaba su espalda en busca del deseado contacto que le haría alcanzar el cielo y un orgasmo como hacía mucho que no había tenido.

- Por favor, no me hagas sufrir más - susurró entre jadeos; a lo cual respondió Lucia con un rápido movimiento que terminó con su mano sobre el monte de Venus, en contacto pleno con su vulva, bastante mojada y no por haber estado en el mar precisamente.

El cuerpo de Kira se contrajo de placer, mientras los aventureros dedos de la rubia exploraban las profundidades de su hendidura, palpando sus jugosas paredes destilantes de satisfacción. Entre eléctricos movimientos de cadera a los que respondían sus dedos, introduciéndose más y más dentro, Kira terminó por correrse en manos de la experimentada actriz.

Con los gritos de placer de Kira resonando aún en sus oídos, Lucia se dirigió a su mochila, donde rebuscó durante unos segundos.

- ¿Que es eso que has cogido? - preguntó con la voz entrecortada todavía por el goce recibido.

- Es una sorpresa. Cierra los ojos y abre la boca - le ordenó pícaramente la actriz.

Acepto sumisa las indicaciones. Se pregunto qué podría ser, ¿comida quizás? En cierto modo así era. De pronto sintió cómo un inmenso objeto cilíndrico se deslizaba por su boca, camino de su garganta. Tuvo que comenzar a lamerlo para evitar atragantarse. Abrió los ojos y se encontró a Lucia recostada sobre ella, sonriendole con lujuria y con un inmenso consolador en la mano, introduciéndoselo por la boca una y otra vez con aparente sadismo.

- Eso es cariño, chúpalo bien, porque ahora es mi turno para disfrutar.


Cuando el consolador estuvo bien lubricado, se tumbó junto a ella. Introdujo la lengua en su boca al tiempo que le daba el objeto de plástico y guiaba su mano hasta su vagina.

- Lo quiero bien dentro - le susurró al oído.

Timidamente al principio, pues Kira nunca había manejado un cacharro como ese, fue introduciéndolo en el cuerpo de Lucia, que se retorcía sobre la arena como una perra en celo, a medida que iba sintiendo la dureza del juguete presionando contra ella, abriendo sus muslos más y más para que desapareciera en su interior. Cuando empezó a sacarlo, sintió como si se quedara sin respiración. Un prolongado gemido huyó de su boca. Fue el primero de una larga serie de ellos, producido por el movimiento penetrante de la mano de Kira, que no paraba de horadarla una y otra vez, al tiempo que disfrutaba de los movimientos convulsivos de la rubia a la que tenia sometida con un simple pedazo de plástico.

Cuando Lucia se sintió cerca del orgasmo, agarró con las dos manos el consolador y se lo introdujo de golpe, al tiempo que abrazaba con una fiereza inaudita el cuerpo de su amante circunstancial, que no solo no se resistió, sino que aprovechó la cercanía para inundar de besos y lametones su torso, los cuales ayudaron a que la actriz explotara de placer en medio de una orgía de jadeos que hicieron que una bandada de gaviotas que reposaba a pocos metros, alzara el vuelo del sobresalto.
Una vez recuperó el control de su cuerpo y de su conciencia, rodeo tiernamente la cara de Kira con sus manos y la obsequió con un dulce beso.
- Ha sido una suerte que vinieras a naufragar aquí.
Y cayeron rendidas sobre la toalla, hasta que se despertaron al día siguiente, rodeadas del equipo sueco de bronceado, pero esa es otra historia.


Advertencia: Los nombres de Kira Miró y Lucia Lapiedra corresponden a personajes de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Aclaración: La idea es de Tortlon conste :)

viernes, 6 de julio de 2007

Una llamada de auxilio

La mar estaba picada,
esa soleada mañana.
A la playa habia ido
para relajarme un poquillo
y olvidar malos momentos
como esos tres o cuatro suspensos.
Precavido me metí,
en el agua bien salada.
Pese a mi complexión pesada
las olas a mi me llevaban,
mira que venian mal dadas!!
Peligroso nadar era
si no se sabia hacerlo de alguna manera.
Si lo tuyo era el chapuzón,
te podias llevar un buen revolcón,
como más tarde pasó.
Chapoteando yo estaba
cuando una voz rasgada
a mis oidos llegó.
Alguien cerca se ahogaba
bajo aquel brillante sol.
Gritos de auxilio lanzaba
un cordobes de pura cepa
a los que poco o nada inquieta
pues "el mar lo pagué yo"
asi decia antes, el pobre e incauto varón.
Mas el mar no estaba de acuerdo
y ya al primer intentó
bien adentro lo llevo.
Mucha fanfarronada...
pero eso no lo salvó.
Desde la orilla cercana
la gente miraba extrañada
sin apenas hacer nada,
pues a pocos metros estaban
vigilantes de la playa
relajados bajo el sol.
El ahogado se ahogaba
mientras en la lejana playa
los socorristas pintaban
sus uñas de otro color.
La manicura se hacian
en lugar de su labor.
No pudo aguantar impasible
semejante situación,
valiente se lanzó al rescate
una sirena morena
con dos pechos por bandera
pues eran todo un primor.
Los dos globos más perfectos
que jamás haya visto yo (y mira que he visto aunque sea en foto)
Tras ella sus familiares,
gente en barcas de pedales
hamaqueros, socorristas,
sólo Chuck Norris faltó,
para tirarse al mar tras ella
y su escaso bañador.
Con su séquito embobado
con su cuerpo terso, mojado,
la joven del mar salió.
El ahogado en sus brazos
vaya suerte tuvo el mamón! (con todas las letras)
Los ats actuaron
con pronta determinación
y al ahogado llevaron
a un hospital cercano
para una revisión.
La morena en la playa
ya se marchaba ufana
contenta con su buena acción.
Me acerqué esperanzado
y le dije con pasión:
Espere buena señora,
que ahora me ahogo yo.

lunes, 2 de julio de 2007

Roy, Elfo farmaceutico: Camino a la aventura

Quizás no era el miembro más destacado de la hermandad, pero siempre se podía confiar en el bueno de Sherme para encontrar el camino de vuelta a casa tras una noche de juerga, o un lugar recóndito donde esconderse de un marido furioso. Sólo esperaba que estuviera a esas horas en su tienda del pueblo, pues solia practicar lo que el llamaba teletrabajo, que consistia basicamente en no ir a trabajar.

Miró a traves de los cristales ahumados del escaparate, mientras a su lado, Bolita intentaba alcanzar el ventanal con pequeños y ridiculos saltitos.

- Deja de intentarlo Bolita, con esas piernas no llegarás muy lejos.

- El gran Trebor nos creó con piernas pequeñas y gruesas para mantenernos firmes en una carga, muchacho - repuso indignado el enano.

De nada le hubiera servido poder ver el interior, pues no habia ni rastro del dueño; pero la puerta estaba abierta, así que entraron. La tienda estaba a oscuras, pero bajo la rendija de la puerta del fondo, se escapaba un hilillo de luz, hacia el que se dirigieron sin hacer ruido.

Al abrirla, se encontraron con un hombre desgarbado, que lucia un extraño circulo de cristal sobre el ojo izquierdo, sentado ante una mesa repleta de dibujos extraños, y la jaula abierta de un loro que revoloteaba en esos momentos por la habitación.

- Cerrad la puerta, ¡rápido! - gritó alterado el dependiente.

- Sherme viejo zorro, soy yo, tu colega Roy.

Pero el archivador que organizaba la mente de Sherme, era incapaz de encontrar ese nombre en la biblioteca de sus recuerdos.

- ¿Reconoces ya a tus 20 hijos bastardos? - añadió el elfo, esperando que eso le refrescara la memoria. Y funcionó a tenor de la sonrisa que se dibujó en la cara de su antiguo compañero de la torre Angbar.

- Sólo cuando no puedo esconderme en algún callejón!! Caramba Roy, ¿cuanto tiempo hace que no nos veiamos?

- Unos cuatro meses - calculó.

- Vaya, no me hubiera importado que hubieran sido algunos más.

En una clase de pociones, en 4º curso, Roy habia vertido sin querer un poderoso afrodisiaco en el jugo de fortaleza de Sherme. Pasó la mejor noche de su vida, pero nueve meses despues... habia tenido que huir de la torre sin acabar sus estudios. Deberia odiar a Roy por aquello, pero le debia la vida y además de no ser por él no hubiera encontrado su verdadera vocación.

- Y dime viejo elfo, ¿qué es lo que te trae por aquí?

- Necesito uno de tus mapas, sigues trabajando el género ¿verdad?.

Bolita, que hasta entonces no le habia quitado la vista de encima al loro, que amenazaba con hacerle algo poco higiénico, intervino en la conversación.

- ¿Mapas?

- Si, mapas - contestó Sherme - son representaciones gráficas de un determinado lugar, plasmadas en papel. Pero no son gratis claro.

Roy no habia pensado en aquello, creia que les saldria gratis, pero ya se sabe que la confianza da asco. De pronto recordó algo.

- Oh si si, se encargara él - dijo señalando a Bolita - ¿ves esa bolsa en su cinturón? está repleta de dinero.

Instintivamente el enano puso su mano encima. Podia oler una estafa a kilómetros.

- El gran Trebor nos dió toneladas de oro para que lo trabajáramos y forráramos sus habitaciones con las láminas resultantes, no para que lo derrocháramos.

Y no estaba dispuesto a deshacerse de su parte por un trozo de pergamino. Así se lo hizo saber a Roy, con una mirada capaz de fundir el plomo, pero totalmente inutil frente a las artes hipnóticas de un elfo. Tuvo que rendirse y dar su brazo a torcer, en cuyo extremo, empuñaba el oro.

Sherme sopesó las monedas, hasta que comprobó que eran de verdad.

- Bien, bien ¿y de que lugar lo quereis?

- Queremos llegar a la montaña del trueno... 12 ¿no es asi Bolita? y... oye!! ese pajaro tuyo tiene el vientre suelto - observó el elfo mientras trataba de limpiarse la, ya no tan blanca, bata.

- Enseñame las tetas!! - graznó el loro.

- No no, no es un pajaro. Es mi última invención, que hará obsoletos a mis mapas. El loro alza el vuelo y va indicando el camino por el que quieres ir, por medio de estos dos vasos unidos por una cuerda. Ya lo tengo todo preparado, solo me queda enseñarle todos los topónimos, pero no esta muy por la labor.

- Compadre comprame un coco - corroboró el pájaro, que habia cesado de aletear, para posarse en el hombro de Sherme, mientras este rebuscaba en una recargada estanteria repleta de papeles.

- Ah, aquí está. Serán 12 monedas, es el último que me queda.

Bolita abonó la factura a regañadientes y salió refunfuñando a la calle, pues los enanos son algo agarrados.

- No se por qué hemos tenido que gastar tanto dinero en ese "mapa", cuando con un sencillo hechizo de orientación...

- Si, pero nos hubiera costado aún más caro, además esto es más duradero. A vosotros os vendria bien tener uno siempre a mano. ¿No sabes que a los pequeños como tú os pueden pasar cosas malas?

- El gran Trebor - respondió enojado el enano- nos creó pequeños para que cupieramos por las cañerias de su casa y nos dió un pésimo sentido de la orientación para que no huyeramos de allí...
Bolita se quedó pensativo, como si acabara de contemplar por primera vez una verdad que estuvo siempre ante sus ojos.

- Que hijo de puta...

- Ya blasfemarás más tarde, pongámonos en marcha. Según esto, debemos cruzar la meseta en la que nos encontramos en direccion noroeste hasta llegar al lago Andrónico. Una vez allí giraremos al norte. Tras un par de días de caminata encontraremos un pueblo llamado "Muerte acechante".

- Que nombre más acogedor - añadió Bolita.

- Pues sí. Desde el pueblo, tendremos que tomar la ruta del noreste, rodeando el bosque negro y ya habremos llegado a tu casa. En marcha!!

Ragnis, el viento montañoso del noroeste azotaba sus frágiles cuerpos. En su precipitada huida de horas antes, habia olvidado la ropa de abrigo sobre la mesa de su habitación. Con toda seguridad la señora Godfry podria sacar un buen pellizco por su abrigo de piel de Chinchilla-lobo, y con un poco de suerte, daria por zanjada su deuda.

No se dirigieron la palabra en todo el camino, pues estas se habrian congelado nada más salir de sus bocas, pero la tiritante mirada del enano y las estalactitas de hielo que pendian de sus bigotes, le decian que estaba pasando algo de frio.

En cuanto dejaron la meseta atrás, el tiempo cambió radicalmente. El sol derritió la nieve acumulada sobre su cuerpo y les devolvio la vida que el maligno Ragnis habia estado a punto de llevarse. En realidad lo que ocurria es que les gustaba quejarse mucho.

- Primero una asquerosa lluvia roja, luego un viento helado, más frio que la cama de un matrimonio y ahora este calor asfixiante. Jamás me acostumbraré a este clima. En mi montaña la temperatura es de 20º permanentemente.

Por sus quejas, Bolita parecia totalmente recuperado.

- ¿Y teneis fuego? - quiso saber Roy.

- Si claro - respondió orgulloso, como si aquello fuera el logro más grande que una civilización podia alcanzar (cuando todo el mundo sabe que son las luces que se encienden de una palmada)

- Bueno, pues nos vendria bien uno aquí, porque dentro de oscurecerá - observó el elfo.

- Tienes razón, ¿qué clase de conjuro usaras?

- ¿Conjuro? ¿me has tomado por uno de esos magos ventrilocuos? Usare un invento de mi cosecha.

Rebuscó en su hatillo, hasta que sacó un pequeñe cilindro aplanado por los laterales.

- Yo lo llamo, fuego automático.

Pulsó un botón del artefacto y del extremo superior surgió una pequeña llama.

- Oh, ya veo!! - susurró admirado Bolita- has metido una cria de dragón ahí dentro ¿verdad?

- No exactamente, en cualquier caso necesitamos algo que arda. Ve a cortar leña por favor.

- ¿Y cómo quieres que lo haga? - preguntó sorprendido.

- Esa enorme hacha que cuelga de tu espalda ayudaria.

- Oh, ¿esto? sirve solo para rebanar cabezas. Los enanos no podemos ser leñadores, tenemos los brazos demasiado cortos.

- Y apuesto a que ese Trebor tiene algo que ver- añadió Roy.

Los ojos del enano se abrieron como platos antes de escupir al suelo

- Mira, ni lo nombres!!

- De todas formas el ser bracicorto no te impide recoger ramas del suelo ¿no?

Mientras Bolita se afanaba en reunir un buen haz de leña, Roy buscó algo para comer. Solo pudo conseguir un escuchimizado murcielago contra el que habia chocado y unas extrañas bayas púrpuras, junto a las que dormian tres conejos y un par de ardillas.

Orgulloso de su éxito, fue a enseñarle a Bolita las viandas. Al ver las bayas, el enano se las quitó de las manos y las tiró bien lejos.

- De buena nos hemos librado. Cuando ibamos en tu busca, paramos aquí a comer. Tres de mis compañeros las probaron. Instantes despues se dirigieron a la espesura del bosque presas de un fuerte dolor de estomago. Tardaron tanto en volver que decidimos recogerlos a la vuelta. Pero mientras recogia la leña, he ido a verlos. Todavia siguen en un rincón, con 40 kilos menos eso si. ¿Notas ese ligero olor nauseabundo? te dare una pista: no es compost... todavia.

Asi pues tuvieron que conformarse con el desnutrido muercilago, al que asaron al fuego.

- Asi estará más crujiente- comentó Bolita- y te hara olvidar que este bicho come mier...

- Creo que estoy empezando a arrepentirme de haber venido - comento con asco Roy, cuya fama de escrupuloso era legendaria en todo el pais; en todo el pais donde era conocido.

Cuando terminaron de cenar, se tumbaron con el cielo estrellado como gran escenario del que ellos eran unos insignificantes espectadores.

- Son bonitos esos puntos luminosos ¿verdad? - preguntó el enano.

- Si que lo son. Los sabios de mi hermandad, estan convencidos que son grandes globos de fuego que se mantienen a flote en el aire.

- ¿Y para que están alli?

- Supongo que para iluminar - respondió Roy sin mucho convencimiento, nunca se lo habia planteado.

- Pues no parecen funcionar muy bien. ¿Sabes cuantos enanos han muerto al ir a las letrinas por la noche, cuando salimos de viaje? yo te lo dire: demasiados.

Guardó un minuto de silencio en honor a los caidos y siguio hablando.

- Los enanos creemos que son diamantes incrustados en la montaña dentro de la cual reside nuestro mundo. El rey Bolón quiere hacerse con ellas. Tenemos todo un ejercito de vacas para llegar hasta donde se encuentran.

Pero Roy no pudo oir semejante despropósito, pues dormia plácidamente. Pronto le siguió Bolita. El rumor del viento traia palabras apenas inteligibles:

- Bésame el culo entero, bésamelo con esmero.

Pero no lo escucharon.

Con los primeros rayos del sol, levantaron el improvisado campamento y partieron hacia el lago Andrónico. Quince kilometros les quedaban, según un cartel apostado a un lado del camino turistico que habian tomado. Bolita no estaba de acuerdo, pues era frecuentado por ladrones y estafadores, que gustaban de asaltar a los incautos que pasaban por allí. La via se encontraba por ello en un estado lamentable, con adoquines sueltos a todo lo largo, y con una incipiente hierba que iba en camino de terminar con la obra de los hombres en poco tiempo.

- Bolita, ¿cómo un enano de batalla como tú, puede tener miedo de unos vulgares asaltantes?

- Por si no te has dado cuenta, soy un puñetero tapón!. De una patada me podrian mandar al mar de la bruma- contestó alterado el enano, que no dejaba de mirar nervioso las margenes de la calzada, donde las espesas matas de forraje podian ocultar cualquier peligro.

- No me encontraré seguro hasta que lleguemos al embarcadero del lago.

- Pues vosotros no llegar allí.

La voz provenia del jefe de un grupo de bandidos que les habian salido al paso. No serian más de ocho, calculó Roy, pero sus pelos largos, sus ojos semirasgados y su piel cetrina, les conferia un fiero aspecto.

- Oh no, ¡¡son los samurios!! - susurró Bolita con un hilo de voz. La cota de malla no le hubiera llegado al cuello, en caso de tener uno - los bandidos más salvajes del reino.

El jefe, se adelantó, amenazando a la pareja con un afilado tridente.

- Tú diarme todo dinero tú llevar encima o yo ñaca ñaca.

- Roy...- La voz amenazaba con huir del enano en cualquier momento, escondido como estaba tras las piernas del elfo- ¿ha sugerido que va a abusar de nosotros?

- No, ha acompañado el "ñaca ñaca" con un movimiento de inserción.

- ¡¡Pues a eso me refiero!!!- gimió desconsolado.

- Tranquilo, creo que sólo quiere matarnos.

El samurio tardó un par de segundos en entender la conversación.

- Si, si, yo matiar. Asi que venga, dar dinero a me.

- Solo hay un problema - lamentó Roy- no tenemos.

- ¿No tener?

- No.

- ¿No tener dinero?

- No, no... tiener.

- Entonces yo matar. ¿Tu estar seguro seguro?

- Psss, Roy, yo si tengo - le susurró el enano- la bolsa, ¿recuerdas?

El elfo se agacho, para que los ladrones no pudieran escucharle.

- Guardalo, nos hará falta. Cuando yo te diga, no respires. Cuando me veas correr, sígueme como si te persiguiera tu suegra.

- Eh vosotros, ¿de qué hablar?

Por suerte, el samurio no habia oido nada.

- Estaba consultando con mi compañero el tema del dinero. Resulta que si que tenia algo, aquí en mi mochila.

El cuerpo del bandido se distendió.

- Bien, yo saber tú tener. Tener buen porte y bonitos ojos. Hombre guapo siempre tener dinero. Ahora tu dar, tu dar.

Roy aprovechó la relajación del jefe, para coger unos extraños polvos blancos. Los extendió en la palma de su mano y antes de que pudieran reaccionar los atracadores, los sopló hacia ellos.

- No respires Bolita- le advirtió- este es mi ataque....Nieve enloquecedora!!!!!

Continuo soplando hasta que la sustancia blanca desapareció de su mano, introduciendose en el organismo de los atacantes.

Al principio no ocurrió nada, pero pronto un miembro de la banda, empezó a reirse. Luego otro, y otro más... en pocos segundos la risa nerviosa se habia apoderado de ellos, seguidamente empezaron a moverse de forma extraña, descoordinados. Uno de ellos, corrió hacia un arbol, subió hasta la copa y gritó:

- Mirad, soy Comhi Aboy!!

Cuando empezó a hacer el mono, las carcajadas se extendieron por toda la llanura. Daba la sensación de que cuanto más reian, más se alejaban de la realidad. Distraidos como estaban, Roy echó a correr.

- Ahora Bolita, sígueme!!- le gritó desde la distancia.

Corrieron y corrieron hasta que sus piernas no aguantaron más.

- Oye ¿qué fue eso? - quiso saber el enano, que luchaba por su vida, tendido sobre un campo de margaritas.

- Es un producto que sinteticé un día que no sabia qué hacerme de comer.

- Ahora entiendo lo de "farmaceutico" - fue todo lo que pudo decir el enano, antes de caer sin sentido, por el esfuerzo realizado.

Un cubo de agua bien fria, le ayudó a despertar, horas despues.

- Por fin has vuelto en tí. He cargado contigo todo el camino - comentó alegremente Roy.

Pero la sangre aún no habia retornado al cerebro del enano.

- ¿Qué?

El elfo le ayudó a levantarse. Cuando se despejó un poco, vio que ante él se extendia una brillante superficie acuática.

- Bienvenido al lago Andrónico.

miércoles, 27 de junio de 2007

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Anoche fui... El Chollo

El calor del público me animó. Aquellos iban a ser mis últimos aplausos; el adiós a una carrera plagada de éxitos, que me había reportado el cariño de millones de televidentes de toda España. No me apenó demasiado. Había alcanzado la cima de mi profesión. Fui mejor mascota que Ruperta y la bota esa; aunque la gente nunca tuvo claro qué era yo; quizá por eso gustaba tanto.

Nadie se reconocía en una calabaza, pero mi ambiguedad y mis formas poco definidas, alimentaban la imaginación del populacho. Unos decían que era una pera radiactiva, otros que un extraterrestre; hubo uno incluso, y esto me dolió, que afirmó que yo era un muñeco surrealista.

Uno debe saber cuando retirarse. No quería terminar como mi hermano: "el Chollo verde". Acudió a una convención de fans del "Un, dos, tres" y acabó devorado por un orondo asistente. A él si que le confundieron con una pera.

Le comenté a Chicho mi intención de jubilarme y pasar el resto de mis días viajando por el mundo, disfrutando de la buena vida. Si tan solo hubiera tenido en cuenta la sardónica sonrisa que se dibujó en su cara, me hubiera echado atrás.

Cuando Ruperta abandonó el programa, había corrido el rumor de que no estaba en su casita de Benidorm, sino que había sido secuestrada en mitad de la noche y trasladada a una siniestra isla en mitad del Atlántico.

Yo no creía nada de aquello, hasta que vinieron a por mí. Tres días después de mi último programa, fui sedado mientras dormía. Cuando desperté, me encontraba en una soleada playa rodeada por un grupo de mascotas que me eran familiares: el vampiro de Montreal, Naranjito, Fido Dido... incluso mi hermano estaba allí. Quedaba claro que su surrealista muerte había sido una mascarada para encubrir la verdad.

En la isla poco había que hacer. Los días pasaban lentamente. De vez en cuando llegaba uno nuevo, con noticias del exterior que nos animaban un poco. La isla se fue llenando con los Cobi, Curro y compañía. Durante un tiempo nos mantuvo ocupados el insecto de Atlanta (de nombre impronunciable) que cada mañana, gritaba a los cuatro vientos que su gobierno no permitiría su cautiverio en aquel lugar. Pero ni siquiera él estaría muy convencido, porque acto seguido, se lanzaba al mar, para escapar nadando pese a que no sabia, por lo que teníamos que correr tras él a fin de que no se ahogara.

La situación angustiosa del americano, avivó mi determinación por salir de allí. Para ello necesitaba a un experto en fugas, y nadie mejor que el osito Misha, que defectó de la Unión Soviética a principios de los 80.

- Fui engañado por el capitalismo, camarada Chollo - me comentó una vez - Un espía americano contactó conmigo en el zoo donde me había retirado. Me prometió dinero y mujeres si huía con él al otro lado del telón de acero y le daba información sobre las redes de espionaje que habíamos incrustado en los equipos olímpicos de los anteriores juegos. Por supuesto que acepté. Una vez allí, cuando dejé de serles útil, me abandonaron aquí. Brezhnev, Andropov... esos eran hombres de palabras; pero vuestros lideres políticos.... puuaajjjj.

Mañana nos embarcaremos en una balsa que hemos construido en secreto. Si todo sale bien, el mundo pronto volverá a saber de El Chollo!!!!!

jueves, 14 de junio de 2007

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Muerte en Sepultura

Una gota de sudor descendió por su mejilla produciéndole un molesto picor, pero no movió ni un músculo. Si quería salir con vida de aquello, no podía cometer el más mínimo error. La gota descendió por su mandíbula y quedó colgando de su barbilla durante un par de segundos, hasta que finalmente cayó.

Antes de que tocara el suelo, desenfundó su revolver, pero su contrincante fue más rápido, y cuando él aun trataba de encañonarlo, una bala con su nombre rasgaba el aire camino de su corazón.

No sintió dolor alguno, sólo el poderoso impacto que le empujó hacia atrás, cayendo de espaldas fulminado sobre el polvoriento suelo de aquel cochambroso pueblo.

Apenas un par de días antes cabalgaba tranquilamente por los verdes pastos de Texas. Tras acabar la guerra civil, había sido liberado de un campo de prisioneros donde había sido recluido tras ser capturado junto a su sección, en la batalla de Chatanooga. Uno de sus compañeros de barracón le había hablado de las oportunidades que ofrecía la "nueva" tierra. Había comprado un caballo y un revolver y había marchado hacia el oeste, la eterna frontera. En los límites del país, buscaba olvidar los horrores de la lucha y del cautiverio

Todo se torció cuando se detuvo a beber en uno de los meandros del Río Grande. Llenaba su cantimplora en la orilla sobre el exague cauce, cuando le pareció ver cómo algo chapoteaba a a pocos metros delante de él. No le dio importancia pero acto seguido volvió a ocurrir, esta vez más cerca. La siguiente bala rozó su cadera. ¡Le estaban disparando!

Se incorporó de un salto y corrió hacia un abedul podrido desde el que podría divisar la posición de su atacante. Por desgracia tenia el sol de cara. Aún así pudo distinguir la negra silueta del pistolero recortada sobre una colina a 500 metros de él.

En situación de desventaja le disparó un par de veces para cubrirse. Montó a su caballo y huyó como alma que lleva el diablo lejos de allí.

La noche cayó. Estaba seguro de haberse librado del misterioso pistolero, aún así se abstuvo de encender un fuego que delatara su posición. Se preguntó quien seria. ¿Quizás el receloso dueño de las tierras? ¿o puede que algo más? La guerra es un buen sitio donde hacer enemigos, sobre todo si son del bando contrario...

El inconfundible sonido de los cascos de un caballo le sacó de sus cavilaciones. Su cuerpo se puso en tensión. Se agazapó tras un arbusto con el revolver en la mano y esperó. A medida que el caballo se acercaba, un temor irracional se apoderaba de él. Cuando pudo distinguir al cuadrúpedo, se quedó helado, nadie lo montaba.

- Llegó tu hora Cox.

La voz que escuchó a su espalda, parecía venir de ultratumba. Podía sentir la heladez de sus palabras a través de la boca del cañón que presionaba su nuca.

El pánico se apoderó de él, se revolvió como una serpiente y logró arrancar el arma de las sorprendidas manos del pistolero, pero no pensó en otra cosa más que en escapar de allí. Cabalgó toda la noche sin descanso hasta que al amanecer llegó a un pequeño pueblo al borde del desierto de Sonora. Un escalofrío recorrió su espalda cuando leyó el nombre del pueblo: Sepultura.

Por primera vez miró hacia atrás. No parecía que le hubieran seguido. Entró en el saloon dispuesto a relajarse, y lo consiguió con una botella de ron que le hizo soltar la lengua. Pronto tuvo un corrillo de vaqueros escuchando su aventura nocturna.

Cuando las puertas del local se abrieron, el silencio se apoderó de la sala. Un hombre alto, vestido por entero de negro y con una mirada desprovista de vida, escudriñaba el lugar. Cuando se fijó en él, supo que el momento de huir había terminado.

Permaneció lo más sereno que le fue posible mientras el recién llegado se abría paso entre las mesas hacia donde se encontraba. De cerca no podía intuir emoción alguna en su rostro de piedra.
- Puesto que no puedo matarte aquí, te reto a un duelo. Nos veremos en quince minutos ahí fuera.

Se dio la vuelta y se fue, pero antes de salir a la calle le advirtió.

- No trates de escapar, no te valdrá de nada.

Y tenia razón. Puede que pudiera darle esquinazo, pero algo le decía que tarde o temprano le encontraría. Se negaba a vivir con el miedo de recibir una bala por la espalda.

Durante el tiempo que duró la espera, se tomó un whiskie tras otro con la esperanza de que el temblor que hacia estremecer su cuerpo, despareciera; y le pareció que así era cuando el reloj del ayuntamiento tocó las doce y salió dispuesto a acabar de una vez por todas con aquello.

A ambos lados de la calle, se apostaban algunos curiosos sedientos de espectáculo. En un extremo se encontraba imperturbable su oponente. Antes de ocupar su puesto, se dirigió a él.

- ¿Qué te he hecho yo para que te tomes tantas molestias en matarme?

Le pareció ver como el rostro del pistolero se contraía, mientras una chispa de vida inflamaba sus ojos, hasta entonces muertos.

- ¿Ya no recuerdas Creek Canyon? ¿La pequeña granja donde vivía con mi mujer y mis cuatro hijos, a los que mataste a sangre fría por unos miserables dolares?

A medida que hablaba, el desprecio y la ira se iban apoderando de su voz.. Pero él ni siquiera los recordaba, seguramente estuviera demasiado borracho ese día e hiciera una locura.

Se colocó frente al pistolero. El sol de mediodía calentaba como si de las mismísimas llamas del infierno se tratara. Los temblores volvieron. Una gota de sudor descendió por su mejilla...

jueves, 7 de junio de 2007

Todo el mundo odia a Vutroi

Habían pasado varias semanas desde que Vutroi fuera nominado y expulsado de la MIR por motivos desconocidos aunque ligeramente relacionados con su insufrible verborrea. Por uno de esos milagros de la vida, había sido acogido amablemente por Dios, en su nebulosa de verano cerca de Pelidón 8. Claro que tratandose de Dios, los milagros no existían, pero eso no alteraba la mente de Vutroi, que disfrutaba de su estancia allí sin cuestionarse nada aparte de por qué estaba todo tan jodidamente oscuro. Aparte de eso, el lugar sólo tenía una pega: no disponía de conexión a internet, por lo que mataba el tiempo con antiguos juegos de manos.

- Tres con la que saques.

Y efectivamente, Dios acertó de pleno, derrotando de nuevo al ruso al milenario arte de los chinos.

- Eh, eso no es justo - respondió airado Vutroi - Eres omnipresente y además, no tienes brazos!!

- ¿Insinuas que Dios hace trampas Vutroi?

El tono de voz del todopoderoso le recordó al de Nikita, el capo de la mafia de Krassnoyark con el que se habia tenido que ver las caras en aquella ocasión en la que perdió 30.000 rublos jugando al duro.

- No es eso, pero no es justo que dispongas de esa ventaja. Que bueno, igual no quieres usarla, pero ahí está, y se puede "activar" sin querer y ganarme por vigesimoquinta vez. Te aseguro que es muy aburrido perder. ¿No eres impotente? ¿No podrias entonces tomar una forma humana que no fuera omnipresente?

- Soy OMNIPOTENTE Vutroi, impotente lo serás tú dentro de exactamente 34 años, 3 meses, 21 dias y 2 horas o de cinco segundos como sigas por ese camino. Y no, no puedo hacer lo que me dices.

- Entonces es que no eres omni...eso. - respondió con desdén Vutroi

- Si que lo soy. Podria crear una piedra tan pesada que pudiera aplastar tu cabeza en este instante. Es más, ni siquiera me haría falta la piedra para eso.

- Tampoco hace falta que te pongas así - quiso tranquilizarlo el cosmonauta.

- Puedo crear materia de la nada y lanzar al estrellato a Mai Meneses, pero no me pidas imposibles como devolver el color a Michael Jackson. Sólo puedo hacer lo que se puede hacer. ¿Sabes lo que son las reglas verdad?

- Pues sigo diciendo que no es justo que juegues con tus poderes "activados".

- ¿Y qué es lo justo Vutroi?. ¿Me lo puedes decir?- preguntó pedagógicamente Dios.

Titubeó durante unos segundos tratando de recordar qué decía al respecto el manual del joven comunista, pero todo lo que podia recordar era a esos patos horteras intentando hacer fuego para quemar un banco capitalista.

- ¿Recuerdas cuando robaste el sujetador de Liliana, tu compañera de piso? - prosiguió el todopoderoso.

- Como para no hacerlo, es lo que más lamento de que me hayan tirado de la estación, dejar allí esa prenda. Dormía abrazado a ella, recordando a su dueña.

- No fue justo para ella puesto que la privaste de un objeto de su propiedad, sin embargo fue justo para los vendedores de lenceria fina pues de esa forma Liliana compró otro sujetador y sus beneficios aumentaron. Además, según vuestras estúpidas leyes comunistas, la propiedad privada no existe, asi que en cierto modo el sujetador de Liliana pertenecia al pueblo...

- ¿Tambien sus pechos?

- Por lo que tengo entendido sí, pero de una forma más... "práctica".

- Ojala estuviera en mi hogar.... - suspiró melancólico Vutroi, que ya se imaginaba a Liliana en una orgía multitudinaria con ella como protagonista. No quiso sacarlo Dios de su equivocación, pues el caso es que los senos de Liliana eran la imagen de una campaña publicitaria para aumentar la moral de los trabajadores.

- Como te iba diciendo, enfoquémoslo desde el lado moral, desde lo que está bien y lo que está mal. Para Liliana el robo fue malo pues debido al frio clima de Moscú, el tiempo que estuvo sin sujetador, recibió más comentarios sobre luces largas que durante su examen de conducir. Sus pezones se congelaron tanto que aun hoy están duros.

- Oye, ¿no podrias teletransportarme a su casa, o a su calle al menos?. - preguntó desesperado el ruso.

Pero Dios continuó hablando.

- En cambio para ti y para los obreros de la construcción frente a vuestra casa, la sustracción fue buena pues te permitió contemplar los abundantes senos de Liliana, prisioneros de ese ajustado top rojo marxista que insinuaba todo y más, lo que ayudó a evadiros de la triste vida en la que os hallabais sumergidos. Así pues la justicia es algo relativo Vutroi, tú preocupate porque nunca te pille la policia haciendo algo ilegal o peor aún, que te vea yo haciéndolo.

- Tú eres Omnipresente, me pillarás siempre - se quejó desolado el cosmonauta, que veia sus esperanzas de lucrarse con negocios ilegales sin pasar por el infierno, esfumarse como una cerveza a la puerta de alcoholicos anónimos.

- Ahí está la gracia Vutroi, ahí está la gracia. ¿Otra partidita?

viernes, 1 de junio de 2007

Roy, Elfo farmacéutico: Un extraño presagio

Una lluvia de sangre y fuego cayó repentinamente del cielo. O puede que fuera sólo simple salsa de tomate caliente, proyectada al firmamento tras la explosión de una pizzeria. La cuestión es que ver descender de un cielo despejado innumerables gotas rojas era considerado siempre como un mal presagio (y aún quedaban cuatro meses para la recaudación de impuestos)

Los magos de todo el continente se asomaban temerosos a las ventanas de sus habitaciones, mientras consultaban sus oraculos mágicos en busca de respuestas y hervian arroz (por si acaso).


A Kalimon no le habian dado el titulo de "Mayor hechicero en la historia de Forthya" por su sonrisa bonita y su elegante estilo vistiendo su ondulante capa carmesí (que sin embargo sí le valió para alzarse como ganador en "Mister Mago" durante cuatro años consecutivos) por ello fue el primero en llegar a la conclusión de que aquella extraña precipitación carente de chili, traeria consigo una gran epidemia que diezmaria la población, provocando caos y disturbios a lo largo del pais.

Para Roy, sólo significaba que no podria salir a la calle con su flamante uniforme blanco. Lo contempló satisfecho, colgado de una percha en su destartalado armario. Habia luchado contra viento y marea para conseguir el título de farmaceutico y si habia podido esperar cuatro años en ser un miembro de pleno del gremio, bien podria hacerlo un día más.


Aún así le fastidio que precisamente el día que iba a comenzar sus prácticas, hubiera ocurrido semejante contratiempo. Echó un último vistazo por la ventana, la lluvia estaba remitiendo y pronto cesó de caer. El jardín de la parte trasera del edificio, habia adquirido un saludable tono rojizo, como sólo se veia durante las fiestas de la oreja sangrante o cuando a la señora Godfry, la casera, se le caia el colorante de capas por la ventana.

Contrariado, se sentó para echar un vistazo al correo. Estaba tirandose de los pelos por la elevada factura de la paloma mensajera, cuando escuchó la puerta. Alguien estaba golpeandola más fuerte de lo normal, y lo normal era cuando la señora Godfry mandaba un par de trolls para cobrar el alquiler atrasado.

Así que no se molestó en levantarse a abrirla. A los pocos segundos la pesada hoja de madera cayó al suelo levantando una gran polvareda. Roy hubiera querido limpiar la habitación un par de veces, pero el contrato de alquiler estipulaba que el polvo era parte del encanto de la posada y que deshacerse de él devaluaria la propiedad.

Cuando la atmosfera de la sala se despejó, vió al causante del desaguisado. Un enano bermejo que, aun teniendo aspecto de haber recorrido medio mundo, todavia tuvo fuerzas para atravesar la habitación hacia él jadeando como un San Bernardo.

- Tú... tú.... - era lo único que podia decir, arrodillado frente al sillón.

- Si, yo - respondió Roy - tranquilicese. A ver, cierre los ojos, respire hondo e imagine que se encuentra en un prado rodeado de vacas.

El enano lo miró extrañado durante un segundo pero finalmente siguió sus indicaciones. Cuatro transpiraciones despues, pudo continuar su frase.

- Tú debes de ser Roy el farmaceutico ¿verdad? - preguntó el enano mientras echaba un fugaz vistazo a la habitación esperando encontrar probetas, hierbas o un título colgado en la pared.

- Sí, lo soy. ¿Y usted es...?

- Oh, perdona mis modales chico. Soy Bolita, guardia personal del rey Bolón de la montaña del trueno nº 12. Traigo un mensaje para tí.


- ¿Chico? Sepa usted que los elfos somos inmortales, podria ser su tatatatatarapadre - murmuró indignado el elfo, que habia celebrado su 432º cumpleaños el mes pasado - En fin, suerte tienes de que ademas de longevos seamos pacificos. Y bien, ¿cual es ese mensaje?

Bolita sacó de su bolsa de viaje un pergamino y se lo lanzó a Roy, que lo leyó detenidamente. Una misteriosa enfermedad se había extendido por la montaña del trueno nº 12 (todos los enanos vivian en una montaña del trueno, asi que para evitar confusiones y matanzas inutiles en las guerras, se habia terminado por numerarlas) diminutos cuerpos yacian inertes por las cavernosas galerias sin que mago, hechicero o charlatán alguno hubiera podido ponerle remedio. Incluso el rey habia caido enfermo. Por suerte un importador/exportador, que se hallaba de viaje de negocios en la montaña, le habia hablado de la misteriosa hermandad de los Mad-ikha. Se decia que no creian en la magia y que curaban enfermedades y desviaban rios (entre otras habilidades) con la simple ayuda de la observación detallada y el registro de datos. Bolón habia mandado buscar a uno de sus miembros, y Roy habia resultado ser el más cercano.

- Vaya, celebro ver que mi fama es conocida en el mundo entero- murmuró para sí con cierto sarcasmo antes de dirigirse al enano.- Bien, como me has roto la puerta, que por cierto no puedo pagar, debo cuatro meses de alquiler y vuestro padre me ofrece cubrirme de oro si os libro de la plaga, acepto el trato. Por suerte nunca me ha visto.

- Si, se llevara una sorpresa - musitó Bolita mientras contemplaba los 2 metros 10 de su interlocutor- por cierto, ¿por qué habeis insinuado que el rey es mi padre?

- Aquí dice que enviaba al principe en mi busca, eres tú ¿no?

- Oh no no - respondió apresurado - como os he dicho, yo solo soy un guardia. Era el guardaespaldas del principe, pero este queria subir al trono sin tener que usar el método tradicional del envenenamiento o el hachazo por la espalda. Pensaba dejar morir a nuestro gran Bolón, azote de las rocas, por eso no me quedó más remedio que matarlo.

- ¿Lo mataste? - gritó escandalizado Roy, que odiaba toda forma de violencia.

- Oh bueno, en realidad le despoje de sus ropas y de una patada en el trasero lo mandé de vuelta a casa, pero no os quepa duda que para mí está muerto. Algo así no se hace.

- Ah, de ser así, podemos partir ya. No hubiera podido viajar con un asesino.- replicó con inteligencia el elfo, pues ya lo dice un refran: quien con asesinos duerme, bueno, no se despierta.

- He de decirte que el viaje hacia la montaña es peligroso. Inicialmente la escolta del principe era de cien guerreros enanos - le advirtió Bolita.

- ¿Y donde están los demás? -

- Oh, unos simplemente se volatilizaron, se puede decir que están en todas partes. Otros están esparcidos en cachitos por varios lugares. Hay alguno que está descansando en el estomago de una mala bestia y los más se quedaron en la posada de la casquivana Jeriza. Sí todavia están allí se enterarán de lo que es bueno.

- Por muy arriesgado que sea el camino, seguro que no lo es más que deberle dinero a una anciana con un ejército de gatos. Y si he sobrevivido a eso, puedo sobrevivir a cualquier cosa.

Mientras Roy empaquetaba sus escasas pertenencias, Bolita intentaba colocar la puerta en su sitio. Ya casi lo habia conseguido, cuando un temblor la volvió a tirar abajo. Al instante la cara de Roy palideció. Ese temblor sólo podia significar una cosa, Kiruk el troll recaudador venia a por su dinero.

Tenía una excusa buenisima para librarse una vez más de dar un dinero del que no disponia. Pensaba culparle de la rotura de la puerta (previamente destornillada de su marco) y conmutar el pago del arreglo por el recibo de un mes al menos. Con lo que no contaba era con que el enano la echara abajo. Su cerebro trabajó a marchas forzadas en busca de una excusa, pero antes de hallarla, la gigantesca y petrea figura del troll tapiaba el umbral de la puerta.

- Dinero, !!!ahora!!! - exigió con su voz más dura y amenazante.

Roy se había quedado clavado, no sabia que hacer o decir y algo le decia que la maza que blandia el troll no era para librarse de las molestas moscas (el tio era de piedra). Una chispa se encendió en su cerebro.

- Eh, ¿qué es eso que tienes en el pie? - le dijo a Kiruk, que al mirarselo, dejó de prestarles atención.

- Rápido Bolita, por la ventana.... - gritó Roy al tiempo que cogia su hatillo y saltaba a traves de ella. No tardó el enano en seguirlo, cayendo pesadamente sobre el rojizo cesped.

- Joder, !me podria haber matado! - gritó mientras se palpaba las partes de su cuerpo más sensibles en busca de desperfectos.

- Bah, si vosotros siempre caeis de pie.

- Soy un enano, no un gato - protestó airado, aunque pronto la indignación dejó paso a la curiosidad - Asi que ese es el famoso poder de la observación... oye y ¿qué tenia el Troll en el pie?

Pero la pregunta pareció pasar desapercibida para el elfo, que miraba en derredor, en busca de más acreedores.

- Oye, ¿por donde quedá la montaña del trueno?

- Está a una semana de viaje en....

El enano parecia dudar. En dos segundos había señalado a los 12 puntos cardinales. O se había perdido o el golpe le habia afectado a la cabeza.

- Dejalo, iremos a casa de un amigo. Él conoce todas las direcciones.

Continuara...